La tauromaquia en México, el gran negocio para Alberto Bailleres

Entre vetos y deudas, la feria texcocana quedó a la deriva, con una cuesta arriba muy empinada, esperando el milagro del reposicionamiento.

Después de 14 festejos, terminó la Feria de Aguascalientes 2017 con buenas entradas, en términos generales. La empresa informó a este columnista que tan sólo a las once corridas de toros asistieron en promedio 9 mil quinientos espectadores (hubo 4 funciones con más de 10 mil), lo que da un total de 105 mil 500 personas, más 6 mil en dos novilladas y un concurso de recortadores. O sea, asistieron a los toros aproximadamente 110 mil aficionados en el ciclo hidrocálido. Nada mal.

Específicamente en una corrida, la del 30 de abril, se registró un lleno para ver a Fermín Rivera, Joselito Adame y El Payo, con toros de Fernando de la Mora. Esta respuesta de 14 mil personas al conjuro de un cartel con tres mexicanos tiene una segunda lectura: se pueden presentar tercias atractivas con diestros nacionales ante grandes entradas, sin que la papeleta se encarezca tanto como cuando se anuncia a matadores extranjeros.

Estas buenas entradas en Aguascalientes reflejan una inercia positiva de muchos años. La empresa de don Alberto Bailleres no ha dejado caer el interés en décadas. Es una feria perfectamente posicionada, no en balde es el serial taurino más importante del Continente Americano. Decir que el público entra automáticamente a la Monumental en tiempo de feria sería impreciso, porque se necesita inteligencia empresarial para mantener siempre una oferta atractiva.

Esta tónica exitosa contrasta con el pésimo manejo de la Feria de Texcoco en los últimos años, que dejó un paquete tremendo en manos de la bien intencionada empresa Pasión Ganadera. El año pasado, en el colmo del contrasentido, la empresa del momento (Espectáculos Santa Julia) impidió la entrada de las cámaras de los dos programas taurinos de la televisión abierta, con el absurdo argumento de que éstos sólo habían cubierto los festejos más atractivos de la programación. ESJ ignoraba que lo que le urge a la Fiesta es difusión. Para colmo, la empresa del año pasado (Felipe Ramírez Landón) le quedó a deber dinero al rejoneador español Pablo Hermoso de Mendoza, motivo por el cual la plaza Silverio Pérez fue vetada.

Así, entre vetos y deudas, la feria texcocana quedó a la deriva, cual nave al garete, con una cuesta arriba muy empinada, esperando el milagro del reposicionamiento. A esa labor se abocó Pasión Ganadera, echando mano de imaginación, recursos económicos, ideas acordes con la tradición ecuestre del ciclo fundado por don Antonio Ariza, publicidad en autobuses, búsqueda de estrategias para atraer jóvenes e inserciones en periódicos. El encomiable esfuerzo no tuvo el resultado esperado porque no es fácil levantar lo que los empresarios anteriores se habían encargado de destruir.

Sugiere Alejandro Silveti que la Asociación Mexicana de Empresas Taurinas (AMET) establezca un filtro para asegurarse de que únicamente empresas libres de gravámenes tomen las riendas de plazas importantes.

Pasión Ganadera merece una nueva oportunidad en 2018 para buscar que el público regrese al coso que lleva el nombre del adalid sentimental del toreo mexicano.

Foto: @ monumental.com.mx

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