Contradicción, el signo de la política mexicana

Jorge Reales fue sometido al trato clásico de las autoridades migratorias mexicanas hacia los latinoamericanos

José Carreño Figueras / Desde afuera / El Heraldo de México

¿De veras México tiene una política exterior hacia América Latina?

Es cuestionable, al menos según la imagen que ofrece su política migratoria.

El subsecretario de Relaciones Exteriores, Maximiliano Reyes, dice que sí, que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador tiene una vocación latinoamericanista.

Puede que sí, aunque pese a la proclamación de respeto a la autodeterminación y la no intervención, parece limitada al sector de los gobiernos autodefinidos como de izquierda.

Pero presidencial o no, propósito de política exterior o no, eso no parece alcanzar otras partes del gobierno, como puede atestiguar el diputado Porfirio Muñoz Ledo. La política migratoria tiene, de hecho, una cara distinta.

Jorge Reales es un abogado de Barranquilla, Colombia, especializado en derechos humanos, que tuvo la peregrina idea de pasar sus vacaciones en México y experimentó esa política en carne propia.

El 10 de febrero, a su llegada a la Ciudad de México, Reales fue sometido a lo que más y más parece el trato clásico de las autoridades migratorias mexicanas hacia los latinoamericanos en general.

Y peor todavía, según su relato al diario El Heraldo de Barranquilla, todo es simplemente porque las autoridades mexicanas, por lo menos al nivel de los oficiales de migración, justifican su actitud contra colombianos, venezolanos y ecuatorianos con el alegato que se trata de una imposición del gobierno del presidente Trump.

Parte también de la indignación, rabia e impotencia que toda esta situación me produjo, lo generó el comentario de uno de los custodios de la sala cuando afirmó, sin sonrojarse, que la decisión del gobierno de México de rechazar el ingreso de colombianos, venezolanos y ecuatorianos principalmente, obedecía a una imposición del gobierno de Trump, el mismo que se ha cansado de humillar a los mexicanos dentro y fuera de EU, manifestó el abogado.

Cierto, puede darse de santos que no fue tratado como migrante centroamericano, refugiado o no, y sometido a golpes, tacleadas y otras lindezas como las que acostumbra el Instituto Nacional de Migración y su terrible imitación de la Border Patrolo e ICE estadounidenses.

Pero la verdad sea dicha, parece más bien un retorno a las política discrecionales del siñor polecía. Reales permaneció detenido por 13 horas en las oficinas migratorias del Aeropuerto Internacional de la CDMX y según su relato, sin más argumento que el señalamiento de que traen el narcotráfico a México.

Once horas después de su llegada a México fue deportado, sin más señalamiento que el informe de que sabría el motivo a través de su Cancillería.

Europa no puede entrar a México porque el siñor polecía se siente obligado por la interpretación que su jefe Francisco Garduño, un político de mano dura, hace de la política migratoria del presidente Trump, no de López Obrador.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX 

@CARRENOJOSE

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