Contra la delincuencia, más inteligencia y menos ocurrencias

Aunque López Obrador pregone que tiene otros datos, las cifras oficiales son contundentes

Mariana Gómez del Campo / Secretaria de Asuntos Internacionales del PAN /   Columna Invitada
Mariana Gómez del Campo / Secretaria de Asuntos Internacionales del PAN / Columna Invitada

Nadie puede negarlo: la violencia está desatada en el país y la presencia de la Guardia Nacional no ha contenido el número de muertos que mantiene un crecimiento constante. Un ejemplo es que el pasado jueves, se encontraron 19 cuerpos en Uruapan, Michoacán, presumiblemente debido a una pugna entre dos bandas del crimen organizado; lo anterior sucedió pese a la presencia de 200 elementos de la Guardia.

Si hacemos un repaso de la campaña de 2018, López Obrador nunca tuvo una estrategia de seguridad, su premisa fue apostarle a la honestidad y con ello se solucionarían los problemas graves del país. De sus escuetas propuestas para pacificar al país destacan tres: un mando único centralizado con la creación de la Guardia Nacional; el robustecimiento de los programas sociales para inhibir los delitos; y un sistema de justicia transicional que incluía la amnistía a criminales y la aplicación de penas alternativas; los dos primeros han fracasado y del último ya nadie dice nada.

Durante las conferencias mañaneras y eventos públicos, el Presidente se pierde en su discurso que pinta un México muy diferente al que vivimos, pero la realidad es que un problema tan grave como la violencia no se resuelve con buenas intenciones. Apenas en abril, el tabasqueño se comprometió a que en seis meses se verían los frutos de la 4T en materia de seguridad, pero tras el incremento de las muertes terminó culpando al supuesto fraude de 2006 por sus pobres resultados.

Aunque López Obrador pregone que tiene otros datos, las cifras oficiales son contundentes: en el primer trimestre de su gobierno se cometieron 13 mil 25 homicidios, cifra 48% mayor a la del mismo periodo de Peña Nieto y 150% más que con Calderón.

Lo alarmante es que el morenista no reconoce la gravedad de la situación, de hecho contradice los datos oficiales generados por su gobierno. Es en ese momento en que echa mano de los resultados de su única experiencia en la administración pública, pero incluso en eso miente.

López Obrador afirmó que cuando fue jefe de Gobierno disminuyeron 30% los homicidios, pero si revisamos el total de muertos de cada diciembre desde 2000 hasta 2006 en la capital, con datos del Inegi, la cifra pasó de 84 casos a 77, lo que significa apenas una reducción menor a 10%.

A poco más de ocho meses del inicio de su gobierno, la cruda realidad del país es otra, pero parece estar empeñado en continuar con una estrategia que ha resultado errónea. En este punto, es urgente que se reconozca el fracaso del eslogan abrazos, no balazos para plantear una estrategia integral y articulada en materia de seguridad que resuelva el problema de raíz, sin atender intereses electorales, que se acompañe de una importante inversión en materia de inteligencia porque para combatir a la delincuencia, debemos conocer bien cómo opera, con qué mecanismos y cuáles son sus objetivos. Necesitamos más inteligencia y menos ocurrencias.

POR MARIANA GÓMEZ DEL CAMPO

SECRETARIA DE ASUNTOS INTERNACIONALES DEL PAN

@MARIANAGC

edp

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