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Gobernar bien, sobre todo, es hacer buena política pública. No es solamente vender bien una idea o vencer a los críticos

ALEJANDRO POIRÉ

Trabajo para el presidente, pero colegas afines y yo nos hemos comprometido a frustrar partes de su agenda y sus peores inclinaciones. Anónimo, The New York Times, 5 de septiembre 2018.

Es peculiar la forma de trabajar del presidente López Obrador. Arranca todos los días con conferencias de prensa en las que, acompañado de varios secretarios de Estado, anuncia nuevos programas, elabora sobre la épica de la cuarta transformación contra el terrible neoliberalismo, responde a sus críticos, y establece la agenda pública. Dado su talento comunicacional, el estupor de la oposición, y la tibieza de las redacciones de muchos medios, esto es una gran receta para dominar el ciclo noticioso. Pero dudo mucho que sirva de algo para gobernar bien. Más bien lo contrario.

Gobernar bien, sobre todo, es hacer buena política pública. No es solamente vender bien una idea o vencer a los críticos. Tampoco es solamente legislar. Es, primordialmente, planear y ejecutar adecuadamente, con agilidad y eficacia, con prudencia y creatividad, y sobre la base de conocimiento científico y técnico sólido, una serie de decisiones que impactan la forma de trabajar de millones de servidores públicos a lo largo y ancho de todo el país, y su interacción con muchos millones más de ciudadanos. Ello requiere de equipos muy bien motivados e informados sobre lo que se pretende, con las competencias correctas, y especialmente bien alineados y coordinados entre distintas dependencias y a distintos niveles. Y para ello se necesita el tiempo y la atención del Presidente y su gabinete. Si tiene usted alguna duda, considere cómo la debacle de Peña Nieto, desde Ayotzinapa hasta el desastre con que cerró en materia de seguridad, es resultado de su propia decisión de no darle prioridad al tema en su discurso y en su agenda.

Por la ausencia de foco en la gestión gubernamental, la presidencia mañanera empieza a ser objeto de críticas y dudas entre un segmento importante de la opinión. Como han mostrado diversos medios, de algunos de los planes anunciados por el Presidente, las dependencias no tienen ni siquiera un memorándum que los describa someramente, ya no digamos un proyecto elemental. Lo que hay para trabajar es el dicho del Presidente, y con eso hay que arrancar. Se rumora que no hay reuniones de gabinete más que las que se usan para las ruedas de prensa, y que las pugnas palaciegas son cada vez más notorias. El tiempo pondrá en su lugar la veracidad de estas nociones, pero nadie pone en duda dónde está la atención del Presidente. Y esto tiene su costo. Hace difícil gobernar bien. Imagino a muchos buenos funcionarios, plenos en su convicción de servicio, entusiasmados por la oportunidad de ser parte de un gobierno con mayoría y con voluntad de cambio, pegados a la radio todas las mañanas, buscando claves sobre cómo realizar su chamba. Sin duda estarán haciendo un valeroso esfuerzo de conducción y contención de una administración que les ofrece, además de menos sueldo y menos prestaciones, poco respaldo político, y francamente poco interés. Sepan que no están solos, que México les agradece su compromiso y responsabilidad.

 

Por ALEJANDRO POIRÉ

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