Confianza y alternativas

Centroamérica y el Caribe cuentan con mecanismos de integración regionales que les permiten afrontar los cambios globales con realidades firmes

En materia de confianza, cuando se trata de las relaciones entre países existen realidades y alternativas. Las relaciones en espacios regionales más pequeños son cada vez más valiosas. La cooperación a diferentes escalas es lo que les da vida, elasticidad y resistencia a las comunidades. Se fortalecen con comunicación y solidaridad cuando se trata de la respuesta ante emergencias y situaciones de cambio en el entorno.

En ese contexto, es importante decir que la región de Centroamérica y el Caribe cuenta con mecanismos de integración regionales que le permite afrontar los cambios globales con realidades firmes sustentadas en una historia común de siglos.

Lo de la realidad de las regiones geográficas de las que México es parte tiene relevancia por las alternativas posibles en el momento en el que el país se apresta a revisar su esquema de relaciones comerciales en el ámbito global.

Así destaca el Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica que integra a Belice, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y República Dominicana, con 226 millones de habitantes y 3.65 millones de km2 de extensión territorial según cifras oficiales, en la que se comparten realidades culturales, socioeconómicas y geo – territoriales en una misma comunidad regional.

México también participa en la Asociación de Estados del Caribe, constituida en 1994, que actualmente tiene veinticuatro países miembros y 11 con calidad de miembros asociados, además de la participación de observadores y actores de otras regiones del globo.

Las colindancias mexicanas con Centroamérica y el Caribe influyen en otros aspectos estratégicos inmediatos como los retos de la economía de la gente y los recursos del mundo. En las opciones para enfrentar el nuevo entorno político de la competitividad comercial global, o en las posibilidades concretas de cooperación de carácter ambiental ante emergencias que se conoce tienen consecuencias directas en los rumbos posibles del desarrollo regional.

Por ejemplo, ante situaciones tan inmediatas como la alerta del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente, porque las dos subregiones del continente americano son las que más basura presentan en el mar. O el hecho de que sólo en el año 2016, el fenómeno de El Niño afectó a más de 9. 7 millones de personas de cerca de 60 millones en la zona Centroamérica-Caribe, según informó el Secretario General Adjunto para Asuntos Humanitarios de la ONU.

Ya se ha anunciado que en los próximos meses se avecinan cambios políticos y económicos regionales, junto con tormentas tropicales y otros meteoros naturales que ponen a prueba los mecanismos de preparación, coordinación, comunicación y solidaridad regionales.

La confianza se vuelve central porque somos vecinos, nuestras poblaciones están entrelazadas y cada vez dependemos más unos de otros. Retomando el concepto del economista alemán E. F. Schumacher, lo pequeño es hermoso. Y aunque para muchos la dimensión de esta región pueda significar volúmenes menores, es cuestión de valorar sobre todo la dimensión de una riqueza de la que México es parte.

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