Conacyt II

Resulta paradójico que López Obrador se vuelva contra una instancia que aglutina a parte de los investigadores del país

Conacyt II

Andrés Manuel señaló el viernes pasado a otra mafia, los machuchones del Conacyt. Los nombramientos a modo de Claudia Scheimbaum o de la actual titular del Consejo resulta ahora que fueron impuestos por la administración anterior. ¿Cómo se entiende? Es la mafia de AMLO y de nadie más. Resulta paradójico que López Obrador se vuelva contra una instancia que aglutina a parte de los investigadores del país, muchos votantes suyos. Hace apenas un par de semanas estuvo en el Colegio de San Luis, centro Conacyt, la esposa de AMLO. Repentinamente, la doctora ya no es una docente como había declarado hasta hace unos meses, sino Madame Calderón de la Barca. ¿Por qué un centro público invitó sin pretexto aparente a la señora? Las autoridades visibles e invisibles de esa institución deberían explicar la presencia de la esposa de AMLO, aunque todo indica que estuvo motivada por su habitual lambisconerías y su proverbial oportunismo. ¿Corrupción?

Tiene razón López Obrador: Conacyt es una institución corrupta. Pero la corrupción no está en los salarios de la mayoría de los trabajadores y de los investigadores, comprometidos con su trabajo y con su país. Por eso no se entiende la relación entre los peregrinos nombramientos de esta administración con la mafia de machuchones. La correspondencia reside en la fantasía del Presidente. La verdadera corrupción se encuentra en su funcionamiento. El anterior director, Enrique Cabrero, se distinguió por su chef y por una opaca administración que es necesario auditar. Uno de los operadores más siniestros del Consejo durante años fue Eugenio Zetina, quien lo abandonó año y medio antes de que iniciara la 4T. Zetina debería explicar varias cosas vinculadas con su gestión, como la publicación de información reservada que sólo podía filtrar él; el uso de Conacyt al servicio de cuates; la manipulación de órganos consultivos organizados desde Filipinas; otorgamiento de niveles del Sistema Nacional de Investigadores a cambio de favores personales.

La otra corrupción es el clientelismo de algunos investigadores que, desde su posición de dictaminadores, chantajean a otros colegas (flagrante fraude y acoso laboral). También merece explicación que investigadores que durante 20 años no impartieron clases ni dirigieron tesis disfruten del nivel III del SNI. Luego fueron expulsados de las instituciones nacionales en que trabajaban con dirección a Texas, sin que les privaran de sueldo y otras prebendas. Unos y otros encuentran refugio para sus desmanes en un diario capitalino en que trabaja un hooligan del chayote, Gerardo Martínez, significado por sus malas prácticas profesionales.

AMLO sólo pierde descalificando a quienes trabajan de manera honrada. Mejor haría en remediar la abierta corrupción dentro del Conacyt indagando a funcionarios e investigadores responsables de la descomposición. AMLO tiene el mérito de abrir un espacio hermético hasta ahora en que hay mucho que limpiar. Otra cosa es que lo plantee bien.

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