Con recursos públicos no se vale

En el ejercicio del gobierno las ambiciones personales pueden pasar por sobre todas las cosas

En el mito de prometer de los humanos se subraya la importancia que los griegos otorgan a los que llamaban aidos para la convivencia cívica, como lo refiere el sofista Protágoras en el diálogo platónico de su nombre.

Cuenta Zeus al final del relato, apiadándose de los hombres, que envió al dios Hermes para que les repartiera los fundamentos básicos de la moralidad: Aidos (vergüenza, respeto, sentido moral) y Diké (sentido de la justicia). De lo anterior se desprendería un término más exacto: dikaiosyne, que precisa no la justicia como norma, sino el sentido de lo justo. Hoy la política mexicana carece del sentido del aidos y del diké, de lo justo, al prometer bienestar, seguridad y justicia. Complica la convivencia el privilegiar el egoísmo, nihilismo y la frivolidad en el ejercicio de la responsabilidad pública, cayendo en un pragmatismo sin pudor, en boca de aquéllos para quienes la muerte es sólo un mal rato y la corrupción un problema cultural y no de respeto a la ley.

Si bien podemos entender que lo justo puede distinguirnos del resto de los seres vivos, en el ejercicio del gobierno las ambiciones personales pueden pasar por sobre todas las cosas, con la encrucijada de poner en riesgo la viabilidad de la convivencia sin violencia. Las decisiones en todos los ámbitos de la vida pública tienen consecuencias, y un excesivo uso del poder nos convierte en esclavos y a dar pasos en regresión.

Dos ejemplos de esta falta de vergüenza en la política mexicana. Uno, la conducción personalista de los partidos políticos. El uso de los recursos del partido sobre el proceso de selección de sus candidatas o candidatos, manejo de información privilegiada, la guadaña del poder y la sofisticación de las decisiones, que los pueden llevar al autoritarismo, al marasmo y a la parálisis. Dos, el uso sin vergüenza y respeto de los recursos públicos, de los integrantes del gabinete federal, como el Secretario de Gobernación y el de Hacienda, que haciendo uso de recursos públicos se presentaron en Guerrero en busca de reflectores, para colocarse al lado de los pobres, pretender hacer visibles como los salvadores de la situación y prospectos a la candidatura presidencial de su partido.

Otros ejemplos, el secretario de Turismo y el jefe de gobierno de la Ciudad de México, desatados por toda la República con cargo al erario, promoviendo sus intereses personales en busca de la candidatura presidencial. No podemos dejar de mencionar al dueño de Morena, que lleva años en campaña con recursos públicos.

La transformación de fondo que necesita el país requiere de una sólida visión, propuestas viables de políticas públicas y sobre todo de un liderazgo fuerte en convicciones, valores y principios de transparencia, justicia, legalidad, honestidad, participación democrática e inclusión, ganados sin la inmoralidad del uso de los recursos públicos para hacerse visibles de la noche a la mañana, y que garantice el ejercicio de la función pública con Aidos y Diké, con respeto y moralidad.

 

DIACRÍTICO: A ver si el Instituto Nacional Electoral cumple su función de filtro para que compitan candidatos con sentido de dikaiosyne, y no creados al vapor por ambiciones personales desmedidas y con cargo a los recursos públicos.

 

Columna anterior: ¿Quién enfría la Tierra Caliente?

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