Con base en evidencia

Pasamos de programas sociales evaluados, a una política social de buenas intenciones

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Jorge Andrés Castañeda / Analista / Heraldo de México

La carta del martes es lapidaria. En una denuncia más que renuncia, Carlos Urzúa deja la secretaría de hacienda a siete meses de haber tomado el cargo. Antes de denunciarlo, celebrarlo o discutir las virtudes de su reemplazo, vale la pena analizar los argumentos que expone. Lo más preocupante es la descripción del proceso de decisión y diseño de políticas públicas en esta administración ¿A qué se refiere cuando habla de políticas públicas sin base en evidencia y sin tomar en cuenta sus efectos?

Para poner primero a los pobres el presidente decidió desmantelar lo que había y reemplazarlo por sus programas sociales. Pasamos de programas sociales diseñados y evaluados con base en evidencia, aunque insuficientes, a una política social de buenas intenciones. Programas como Oportunidades/Prospera, que habían sido piloteados, evaluados e incluso replicados en diversos países, están por desaparecer. Los nuevos programas sociales son todo lo contrario. Jóvenes Construyendo el Futuro se lanza con 100 mil millones de pesos de presupuesto sin pilotos que arrojen evidencia, ni mecanismos de evaluación para medir su impacto. Antes de implementar un programa de estas dimensiones, asumiendo que es efectivo, hay que saber ¿A qué jóvenes? ¿Con qué nivel de estudios? ¿En qué estados o municipios? ¿En qué sectores? ¿Qué efectos puede tener sobre el mercado laboral? ¿Cómo sabremos si fue exitoso? Todo esto se obvió porque al presidente le parece una buena idea. Quizás lo es, pero no lo sabemos porque no tenemos evidencia.

También tenemos la política energética, donde las decisiones se toman a partir de ideas preconcebidas y sin tomar en cuenta sus consecuencias.

A pesar de que existen diversos estudios que demuestran su inviabilidad financiera, el Presidente está empecinado con la quimera de Dos Bocas. Canceló las subastas a largo plazo de electricidad, que habían impulsado el desarrollo de energías renovables en México, porque eran un esquema neoliberal.

Hoy hay un déficit de inversión en generación de electricidad y Pemex está al borde de perder el grado de inversión.

De lo único que tenemos evidencia es que Urzúa tiene razón; decisiones tomadas desde la ideología, sin analizar efectos, y que no toman en cuenta la evidencia que hay sobre la mesa. Empezamos a ver las consecuencias de esto todos los días: programas desmantelados, Pemex al borde del precipicio, apagones en Yucatán, y a fin de mes sabremos la estimación del PIB para el primer semestre, pero todo indica una economía estancada.

Hace algunos meses advertíamos en esta columna sobre la confrontación entre rojos y expertos. La renuncia de Urzúa confirma que los rojos van de gane.

Aunque Arturo Herrera no es un rojo, es de la minoría que intenta mantener cierta racionalidad en esta administración, el presidente ya nos dijo que lo va a convencer si le trata de decir que no.

Ya sonaron la alarma Germán Martínez y Urzúa, dos personas que conocen las entrañas del funcionamiento del nuevo gobierno. ¿Quién más ya escribió su carta?

Por Jorge Andrés Castañeda

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