Comunicación en tiempo de crisis

Los funcionarios públicos de la 4T se mueven en el terreno de la comunicación con increíble ignorancia y torpeza

Luis Soto / Agenda Confidencial / Heraldo de México
Luis Soto / Agenda Confidencial / Heraldo de México

A raíz de los últimos roces que ha tenido el presidente Andrés Manuel López Obrador con los medios de comunicación, y aprovechando los días de recogimiento que sirven para reflexionar, los observadores políticos objetivos, imparciales, enhiestos y erectos recomiendan al primer mandatario, a su vocero Jesús Ramírez y a todos los integrantes de su gabinetazo que recuerden, nada más que recuerden, las tres distintas realidades en que ahora viven:

1. REALIDAD PERSONAL. Formada por los hechos de la vida privada, que los funcionarios creen -muchas veces equivocadamente- que los medios desconocen.

2. REALIDAD POLÍTICA. Formada por una compleja red de circunstancias e intereses que los funcionarios creen -siempre equivocadamente- que solamente ellos conocen.

3. REALIDAD MEDIÁTICA. Formada por la imagen -muchas veces distorsionada- que construyen los medios,y que pocos funcionarios logran contrarrestar. Esa realidadconstituye lo que se conoce como opinión pública, y es laque los funcionarios deben de analizar para decidir acciones y declaraciones que tendrán resonancia en los medios.

Ya encarrerados, los susodichos observadores consideran que es necesario hacer algunas precisiones sobre las características de los comunicadores y sus medios, cualquiera que sea la condición en que se encuentren: Como aliados, como adversarios o -lo que sería muy raro como testigos y cronistas objetivos e imparciales.

No todos los medios y comunicadores son iguales ni pesan lo mismo. Hay que otorgar a cada uno su importancia real y ubicarlo en su justa dimensión. La circulación de los medios impresos y el rating de los electrónicos son factores de peso para medir la importancia, pero no representan el único factor. Es necesario valorarlos de acuerdo con su trayectoria, su penetración y las características de su público.

Tiene consecuencias negativas menospreciar a un medio importante o a un comunicador influyente, así como sobredimensionar a los que no lo son. Hay que acertar en la valoración de los elogios y los ataques que se difunden en los medios. Algunos tienen gran dimensión y largo alcance, otros tienen relevancia menor… y la mayoría no existen.

Se dice que no hay enemigo pequeño, y eso es cierto en algunos sectores de la actividad social, pero en términos mediáticos sí hay adversarios pequeños. Lo mismo puede decirse de los aliados. Por ello, el tiempo y los recursos deben emplearse con los comunicadores y sus medios en una rigurosa relación de conveniencia. Importan los grandes y ocasionalmente los medianos, pero no hay que distraer esfuerzos con periodistas o medios irrelevantes.

Aunque parezca exagerado decirlo, los funcionarios públicos de la 4T se mueven en el terreno de la comunicación con increíble ignorancia y torpeza. No acaban de darse cuenta que quizá el más importante de los escenarios es el que ofrecen los medios y que, finalmente, es el mundo que se construye y se destruye a diario con informaciones, opiniones, comentarios y críticas de los comunicadores, y por supuesto, de los propios políticos.

 

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@LUISSOTOAGENDA

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