¿Cómo no hablar del avión?

Los beneficios políticos que trajo consigo el avión presidencial para la causa opositora, no acabaron en la campaña

Héctor Serrano Azamar / Heraldo de México / Editorial

En un país como el nuestro, con tantos problemas urgentes por resolver, por analizar, por discutir, hay muchos temas que podrían ser prioridad en la agenda pública, ejemplos muchos; la inseguridad, los servicios de salud, el conflicto en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y un largo etcétera, etcétera, etcétera, pero hay uno en particular, que desde hace semanas atrapa de forma irremediable la atención de gran parte de la población, la venta del avión presidencial.

Desde la campaña, el actual presidente de México lo utilizó activamente en su promoción como candidato, la frase: No lo tiene ni Obama, aún está grabada en el colectivo como una forma eficaz con la que la oposición de aquel momento exhibió, en su forma más pura, el dispendio de los gobiernos anteriores, el de Felipe Calderón por haberlo comprado, y el de Enrique Peña Nieto por utilizarlo.

Los beneficios políticos que trajo consigo el avión presidencial para la causa opositora, no acabaron en la campaña, pues ahora como gobierno, también es utilizado como una bandera para distinguirse del pasado, una manera más de exhibir el dispendio y la frivolidad de gobiernos anteriores.

Por eso, aunque cause risa, el tema de la venta, ahora convertida en rifa, sin que precisamente sea una rifa, sino más bien una venta de boletos que nada tendrían que ver con la venta del avión (igual de confundido estoy yo que usted), seguirá siendo uno de los grandes temas durante los siguientes meses.

Es injusto achacarle al Presidente toda la responsabilidad de que la venta del avión presidencial sea un tema nacional, como el político hábil que es, utiliza el argumento para posicionar un mensaje que maneja a la perfección, mostrar los errores del pasado para disimular los propios o enaltecer sus logros, no conozco ningún político que no use esta estrategia en un ejercicio de gobierno, a excepción de los que son muy torpes.

En la actualidad nada de esto sería posible sin las joyas que nos regaló la administración pasada, ¿quién no recuerda la selfie del actor Eduardo Verástegui tomando una copa de vino a bordo del avión presidencial con el expresidente a sus espaldas?

Esa frivolidad, herencia del pasado, logró que los temas importantes sean el combate a los excesos y no los correctos ejercicios de gobierno, todavía estamos atorados en nuestro pasado inmediato, casi nada ha cambiado.

Pues sigamos hablando del avión presidencial sin cansarnos, hasta saciarnos, recordemos una y otra vez al expresidente y sus excesos, por eso su partido perdió estrepitosamente la presidencia, por el avión y otras tantas linduras, y aunque tengamos la oportunidad de dar vuelta a la página y avanzar en otros temas, no lo hagamos, ¿para qué?

Sólo nos queda agradecer a todos aquellos políticos que, con sus decisiones, hoy nos tienen a muchos mexicanos, hablando del avión presidencial. Muchos ansiamos el día en que sólo hablemos de lo importante, por lo pronto ¿cómo no hablar del avión?

POR HÉCTOR SERRANO AZAMAR

COLABORADOR

@HSERRANOAZAMAR

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