Comer libros

Dirán que soy de la vieja escuela, y sí, pero a mí me gusta el print

Valentina Ortiz Monasterio
Valentina Ortiz Monasterio / Nube viajera

Triunfan los programas televisivos de cocina y ante la pregunta, ¿qué quieres ser de grande? muchos niños dejaron de querer ser bomberos y quieren ser chefs. El consumo del tema en la red es avallasador, la búsqueda de recetas de pollo en Norteamérica se multiplica y potencia, y conozco a pocos que, aunque lo nieguen, no hayan buscado la receta de una tarta de limón (o el gusto de su preferencia) en la red.

Dirán que soy de la vieja escuela -y sí-, pero a mí, como a mi amigo Pedro, nos gusta el print. Llevo 29 años -suena a un mundo, pero es la pura verdad-, formando una biblioteca de libros de cocina, de comida, de historias de ingredientes, de pensamiento y debate relacionado con el acto de comer. Y la adoro.

Hace poco estuve en una librería argentina trepada en unas altísimas escaleras sin importar la evidente vista que ofrecía mi vestido porque la oferta de libros de gastronomía era fuera de serie. Ojeé miles, me compré cuatro, he consultado todos, me enamoré de uno -de Guido Tassi-, y me aburrieron dos.

Me preguntaron en una muy mala cena hace unos días cuáles libros recomendaría. Difícil pregunta, pero tenía que contestar. Para mí el Diccionario Enciclopédico de la Gastronomía Mexicana de su maje Ricardo Muñoz Zurita es una obra maestra. Todo gozoso o estudioso de la gastronomía debe no sólo tenerlo sino consultarlo. ​

Recuerdo cuando eché ojo la primera vez  a Modernist Cuisine, esos tomos divinos llenos de técnicas e ilustraciones. En su momento, como la Bullipedia, me pareció genial. ​

¿Nuevos? De Jiro Taniguchi y Masayuki Kusumi, El gourmet solitario, La historia de un viajero en Japón y su cocina. Me acaban de regalar uno maravilloso de Cal Peternell, cocinero de Chez Panisse, de título Almendras, anchoas y pancetta, que me tiene seducida. ​

De gusto de mar y recetas e historias de cocina hawaiana, Aloha Kitchen,  de Alana Kysar, se antoja en su portada, contenidos y sabor. Quiero muchos de cebiches ​peruanos y atesoro mi colección de recetarios de culturas populares que me regaló Ale. ​Me emociona comer leyendo.

Por Valentina Ortiz Monasterio

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