Colosio en Netflix

Se trata de un extraordinario documental que plasma lo convulso que fue el año 1994

Alejandro Cacho / Touché / Heraldo de México
Alejandro Cacho / Touché / Heraldo de México

Las plataformas digitales de streaming se convirtieron en el mejor medio para difundir masivamente documentales histórico-políticos que de otra manera difícilmente habríamos visto. En ese esfuerzo se ha visto de todo: materiales penosos, manipulados y parciales y otros de excelente manufactura.

Netflix estrenó el pasado viernes la serie 1994, del periodista y escritor Diego Enrique Osorno. Se trata de un extraordinario trabajo documental que plasma lo convulso que fue aquel año, cuyos hechos dramáticos cambiaron para siempre a México.

Con apego estricto a los hechos, Osorno pone al asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio en el centro de aquel año que nos sacudió, estremeció, enmudeció, paralizó, atemorizó y que a muchos les arrebató la esperanza. Por favor, no confundir con Historia de un crimen: Colosio, -también producción de Netflix-, un lamentable melodrama al estilo de Yolanda Vargas Dulché que es un desperdicio de tiempo verlo.

En 1994, Osorno hilvana la intriga política por la sucesión presidencial, el asesinato de Colosio, la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, la ambición política -casi desmedida- de Manuel Camacho Solís, el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, el encarcelamiento de Raúl Salinas de Gortari, el triunfo electoral de Ernesto Zedillo, el rompimiento con Salinas, la terrible crisis económica de 1995, la proclividad mediática de Pablo Chapa Bezanilla, la participación de Francisca Zetina, alias La Paca, que rayó en lo ridículo.

Rescató y trajo a la actualidad testimonios, detalles, anécdotas, hechos, protagonistas, inculpados, víctimas. Logró entrevistas con Carlos Salinas de Gortari, el ex Subcomandante Marcos (Hoy Galeano), Luis Donaldo Colosio Riojas, Raúl Salinas, colosistas, zedillistas y algunos chapulines que pasaron por el PRI, PAN, PRD, Morena y otros.

Me hubiera gustado que incluyera entrevistas con Ernesto Zedillo y Mario Aburto Martínez, el asesino material de Colosio. Supongo que lo intentó, pero es sabido que Zedillo detesta a los periodistas y los reflectores. Aburto sigue recluido en el Altiplano. Ignoro por qué no aborda el misterio del traslado de Mario Aburto de Tijuana a la Ciudad de México y el fantasma del quinto pasajero en aquel jet de la extinta Procuraduría General de la República.

Son cinco capítulos largos, de una hora aproximadamente, que se van como agua. La producción logra mantener el interés de espectador y lo lleva de la mano por toda la serie.

La conclusión queda a evaluación de la audiencia, pero sin duda es un trabajo periodístico, de investigación y fílmico imperdible. Ojalá sea el primero de varios en tantos temas pendientes, heridas abiertas que atormentan y no dejan avanzar a este país.

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@CACHOPERIODISTA

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