Claudia Ruiz Massieu: ¿Política de causas o política de partidos?


Hay quienes dicen que las personas ya no militan en partidos políticos, sino que participan en causas: desde el cambio climático hasta los derechos humanos, pasando por la transparencia o el diseño del espacio urbano.

Se trata de un falso debate. De hecho, el debilitamiento de los partidos significaría un retroceso: de la lucha institucionalizada por el poder a la política fundada en los líderes del momento y sus proyectos personales de corto plazo.

No es cierto que haya una confrontación inevitable entre partidos y ciudadanos. Tal maniqueísmo, que juega con la frustración social y divide a las personas en puras e impuras, ha resultado en el ascenso de fuerzas xenófobas, autoritarias y populistas.

Esta visión niega la pluralidad, pues asume que todos los ciudadanos tienen intereses similares, que sólo un líder o grupo sabe interpretar. Así lo vemos en Estados Unidos, con Donald Trump, en Francia con el Frente Nacional, o en España con Podemos.

Otras voces argumentan que los partidos cumplieron su función en los siglos XIX y XX, pero hoy están rebasados. Sin embargo, las alternativas independientes terminan replicando la organización de los partidos, incluso si no se autodenominan de esta forma.

Lo cierto es que, entendidos como personas unidas por creer e impulsar proyectos comunes, los partidos siempre han existido. Por eso hoy vale la pena releer a los clásicos, como el gran politólogo francés y estudioso de los partidos, Maurice Duverger.

Incluso en las monarquías absolutas, en las cortes se contraponían distintas visiones sobre cómo manejar las finanzas, a qué sectores favorecer, o contra quién ir a la guerra. Lo mismo se podría decir de regímenes tan draconianos como la Unión Soviética, o de otros tan encomiables como las democracias escandinavas.

Siendo inevitables los partidos, lo importante es entonces cómo operan. En democracia, es deseable que cobren la forma de instituciones públicas, sujetas a reglas preestablecidas, que estén obligados a pedir el voto y a rendir cuentas.

En México, los partidos mantienen su vigencia para aglutinar intereses, representar amplios segmentos sociales, ofrecer continuidad en programas y consistencia en proyectos: se trata de institucionalizar la vida pública, para que trascienda a los líderes y a sus agendas privadas. Los partidos son el dique de contención contra el retorno a la era de los caudillos, como la llamaba Calles.

No podemos soslayar que existe un desencanto ciudadano con el sistema de representación; pero nuestra respuesta no puede ser la pasividad, la resignación ni la polarización, sino su fortalecimiento, reinvención y puesta al día.

Es en este contexto que el PRI se prepara para su XXII Asamblea Nacional. Ahí, mediante el debate, la crítica y la propuesta, que convocará a las diferentes expresiones y sectores del priísmo, trazaremos la ruta para renovarnos. Para hacer que la política militante de partido vuelva a coincidir, representar y dar voz a la política de las causas ciudadanas.

 

ARTICULISTA INVITADO

Claudia Ruiz Massieu.

Secretaria General del Partido Revolucionario institucional

 

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