Cinco años, nueve meses

La polarización asoma en el arranque de gobierno, como si olvidáramos que restan más de cinco años a AMLO

Manuel_López_San_Martín
Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México

Las redes ocupan el centro de la discusión. Twitter ha dejado de ser una herramienta para conversar, y se ha transformado en un espacio desde el que se propaga odio, se insulta al que piensa distinto y se ataca al diferente. A veces con nombre y apellido, pero muchas otras, desde la cobardía del anonimato.

Ahí, leo a quienes parecen ansiar un colapso. Se frotan las manos pronosticando una crisis y aguardando por ella. Desean, eso parece, que fracase el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que se equivoque una y otra vez. Magnifican los yerros, se vanaglorian con los desaciertos y los errores son como gasolina que los alimenta.

En el otro extremo, veo a quienes todo aplauden. Si el Presidente dice, porque dice. Si no dice, porque no dice. Si apoya una postura que antes criticó, es de sabios cambiar de opinión, si tropieza, como tantas veces tropezó Peña Nieto, por ejemplo, errar es de humanos.

Los primeros, son los que, desde la transición, repetían una y otra vez, se los dijimos. Quienes veían a López Obrador defraudando a sus seguidores, golpeando instituciones y generando convulsión en los mercados. Los mismos que aseguraban que estábamos frente al primer presidente que antes de tomar posesión provocó una crisis. Los otros, son más que seguidores. Se trata de fieles. Lo defienden y están dispuestos a confrontarse por él. Sus críticos les señalan las maromas que realizan para justificar lo que, a sus ojos, es injustificable. El voto duro de AMLO difícilmente lo abandonará. Se la juegan con él. Total, no hay punto medio. O se nos viene la noche, o todo marcha de maravilla. El país está dividido. Hace años, sí, pero ahora asoma con mayor fuerza en el arranque de gobierno, como si olvidáramos que a López Obrador le restan cinco años y nueve meses en la Presidencia y a nadie conviene –o debería convenir- que fracasara su administración. La división, parece acompañarse de deseos de ruptura. El riesgo de que todo se contamine por agendas de interés que poco o nada tienen que ver con el bien de la mayoría, en un país consumido por la violencia, la corrupción y la impunidad, es alto. La zanja crece entre quienes están a favor y en contra; buenos y malos; chairos y fifís. El ejemplo de reconciliación debería emanar de AMLO y los suyos, pero también es responsabilidad de la atribulada oposición –no solo la partidista, sino la que se refleja desde organizaciones e incluso algunos medios-.

Las redes podrían ser un buen punto de saque: críticos y seguidores, quizá valdría la pena que leyeran y releyeran lo que van a tuitear. ¿Aporta algo lo que se posteará? ¿Está escrito con la cabeza o el estómago? ¿Propaga odio? ¿Cierra la comunicación? ¿Rompe la conversación? ¿Cuántos adjetivos incluye? Bajarle dos rayitas a la belicosidad, pues.

O, ¿en serio nos vamos a aventar el sexenio peleando e insultándonos unos a otros, así? Claro que el debate es necesario, el contraste de ideas vital y la deliberación pública debe ocupar un espacio preponderante, pero eso en nada tiene que ver con insultos, ataques y amenazas por pensar distinto.

 

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@mlopezsanmartin

 

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