Chinga la Migra

Francisca peleó 12 años para evitar que la separaran para siempre de Diego y sus 4 hijos, las cosas iban bien hasta que Trump llegó a la Presidencia

Armando Guzmán /  El qué y porque desde Washington / Heraldo de México
Armando Guzmán / El qué y porque desde Washington / Heraldo de México

Una noche al final de los 1990, Francisca Lino una joven mexicana pobre, pero llena de sueños, cruzó corriendo el desierto que forma la frontera con Estados Unidos, el corazón se le salía, las piernas le temblaban, muerta de miedo, Francisca se estaba jugando todo. Como millones antes y después de ella, venía a EU buscando trabajo y una nueva vida.

Pero esa madrugada, después de correr 6 horas en la oscuridad del desierto, una patrulla de inmigración la capturó y después de sacarle sus huellas, y encerrarla en una cárcel de la frontera, la Migra la deportó. El recuerdo más vívido que Francisca tiene de esa noche es que en el desierto, las estrellas no alumbran el camino, eso y un amargo intenso que a Francisca le regresa a la boca, sólo de pensar en su experiencia.

En 1999, ya deportada y rumiando su rabia por días, Francisca se la volvió a jugar y esta vez sí logro evadir a los guardias.

Eventualmente con Diego, su esposo, formó un hogar en Bolingbrook un suburbio de Chicago… y empezó la nueva vida que vino a buscar, que no incluía Disneylandia sino trabajar en los empleos más duros y peor pagados, los que nadie más en Estados Unidos quiere hacer. Con altas y bajas, la nueva familia empezó a crecer con 4 niños, todos nacidos en Estados Unidos.

Francisca buscó cómo legalizarse. Cuatro hijos estadounidenses deberían ser suficientes para anclarla legalmente en su nuevo país, pero Estados Unidos hace años quitó de sus leyes esa posibilidad. Los menores de edad no pueden ser garantía de residencia legal para sus padres. Aun así, en 2005, las cosas empezaron a ser positivas y cuando Francisca acudió a una entrevista en las oficinas de Inmigración para obtener su residencia, aquella horrible noche en la frontera en 1999, saltó como pesadilla de la computadora de los agentes. Las huellas dactilares la habían delatado y ahora por haber entrado ilegalmente y por haber sido deportada, Francisca tendría que irse de Estados Unidos y ya no podría regresar por los próximos 10 años.

El fantasma de la deportación volvió para esta mujer y sus 4 hijos estadounidenses, ya todos los abogados del mundo no la podrían librar.

Francisca peleó 12 años para evitar que la separaran para siempre de Diego y sus 4 hijos, las cosas iban bien hasta que Donald Trump llegó a la Presidencia en 2017. En marzo de ese año, Inmigración le informó que tendría que regresar a sus oficinas el 23 de agosto con sus maletas y un boleto a México.

En lugar de hacerlo, Francisca corrió a una Iglesia metodista en Chicago y pidió santuario. La Migra no se atreve a violar las puertas de una iglesia, y así, hace dos años que esta mujer vive en un cuarto de la iglesia, hace dos años que no está en su casa, hace dos años que no cena ni se ríe ni les cuenta a sus hijos qué pasó durante su día.

Francisca, según Trump, es una criminal que no merece vivir en EU, y para capturar a estos criminales peligrosos fueron las redadas de ayer en 10 ciudades del país.

*Periodista

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@armandoreporta

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