China y el cambio del poder global

EU no sólo busca someter a sus aliados, sino consumar un cambio de modelo político

Adolfo_Laborde
Adolfo Laborde / La Nao de China / Heraldo de México

El mundo sabe de lo que es capaz Donald Trump para alcanzar o cumplir sus objetivos. Nos pueden gustar o no sus formas, sin embargo, está dispuesto a todo con tal de conseguir el reposicionamiento de Estados Unidos en el contexto global.

La guerra con China y los recientes embates a México son un par de muestras de que lo que busca no sólo es someter a sus aliados y adversarios, sino consumar lo que no hemos entendido con sus acciones disruptivas en materia de política internacional, es decir, un cambio de modelo político y económico internacional que ya había adelantado Zbigniew Brzezinski en su libro Strategic vision, America and the crisis of global power (Visión estratégica, Estados Unidos y la crisis del poder global) cuando nos asegura que el rol de Estados Unidos en el mundo seguirá siendo esencial en los años venideros.

Eso es precisamente lo que está sucediendo a través de los cambios en las alianzas internacionales derivadas de las acciones de EU mediante el replanteamiento de sus intereses nacionales para mantener la hegemonía global.

La reciente visita del presidente Xi a Rusia para asistir el Foro Económico de San Petersburgo y el establecimiento de esquemas de cooperación en distintos rubros, incluido el militar, son una reacción del cambio de la naturaleza de la política exterior estadounidense que ha forzado a dos vecinos incómodos a establecer estrategias comunes para una mejor gobernanza global.

De hecho, China ya ha manifestado sus posiciones sobre la guerra comercial con EU, a través de un documento denominado el libro blanco, que ofrece un panorama integral sobre las consultas económicas y comerciales entre Estados Unidos y China, que se resumen en seis puntos: 1) cooperación comercial y Económica de beneficio mutuo y ganancia compartida entre China y Estados Unidos, 2) los hechos sobre la cooperación económica y comercial entre China y Estados Unidos, 3) prácticas comerciales proteccionistas de la administración estadounidense, 4) prácticas comerciales intimidatorias del gobierno de Estados Unidos, 5) perjuicios de las prácticas deshonestas del gobierno estadounidense en la economía global, y 6) la posición de China.

De la misma manera, el gobierno chino, a través de este libro, reconoce que la nueva política de Estados Unidos aboga abiertamente por el unilateralismo, proteccionismo y la hegemonía económica (página 2). El documento establece, además, los parámetros con los cuales China estaría dispuesto a medirse y demostrar su disposición a encontrar una salida pacífica y razonada de la guerra comercial que actualmente enfrenta con EU, quien recientemente amenazó a China con establecer más aranceles si el presidente Xi no acude a la reunión del G20, a llevarse a cabo en Japón a finales de este mes.

La situación y desenlace de este enfrentamiento es complejo y con un pronóstico reservado, lo cual empeora más aún las perspectivas de México en optar por el plan B con China como una medida compensatoria de las constantes amenazas que se traducen en incertidumbre por parte de Trump a México.

El ejemplo más claro fue lo acontecido la semana pasada con la negociación entre ambos países para evitar la imposición de aranceles de 5% a nuestro país. Si bien es cierto hay voces en el gobierno mexicano como la de la subsecretaria de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía, Luz María de la Mora, que en el Foro de Cooperación Económica e inversión entre México y China (Guangdong) 2019 de principios de mes dio en el sentido de que ambos países pueden complementarse en materia económica y comercial, también es cierto que las coyunturas actuales de las relaciones internacionales y de la relación bilateral con EU hacen que estos buenos deseos queden precisamente en eso.

Para lograr la tan anhelada diversificación se necesita una estrategia comercial seria de largo plazo y de acciones concretas que se traducirían en alineación de objetivos institucionales públicos y privados, dotación de presupuesto y una voluntad política, pero por lo que vimos la semana pasada, ya se decidió qué camino seguir, y éste no precisamente nos conduce a Asia.

ADOLFO LABORDE*

*Analista internacionalista

[email protected]

¿Te gustó este contenido?