China, en la jugada


Mientras Estados Unidos parece consumirse en un infierno de su propia hechura, China juega sus cartas geopolíticas y realizó un encuentro sobre la Iniciativa del cinturón y el camino, mejor conocida como la ruta de la seda siglo XXI.

La propuesta, ya en ejecución, implica la construcción de un ferrocarril que iría prácticamente de la costa china en el Mar de China a las costas europeas del Atlántico, a través de una veintena de naciones en Asia, incluso países con un significativo componente europeo como Rusia y Turquía, antes de pasar a Europa.

Por su parte, la ruta de la seda marina saldría de puertos chinos y tocaría puertos en el suroeste asiático y Oceanía, en el sur de Asia (India, Sri Lanka, Pakistán, Irán), África y cruzaría el canal de Suez para llegar a puertos del Mediterráneo.

Potencialmente el impacto es enorme. En lo político provoca recelos, sobre todo entre países vecinos: no son pocos los que ven con reservas la creciente influencia china. Pero es una posibilidad económica difícil de ignorar.

La idea, en buena medida, surge de necesidades reales: las regiones más occidentales de China necesitaban desarrollo y los chinos iniciaron enormes proyectos, que en sus fronteras encontraron las necesidades de países interesados también en su desarrollo y estos, a su vez, hallaron en China un socio con interés y recursos.

De acuerdo con el Banco Asiático de Desarrollo (ADB), las necesidades de infraestructura a lo largo de la Ruta de la Seda terrestre llegan a 1.5 MDD por año.

Al menos una parte de esas necesidades serian financiadas por el Fondo de la Ruta de la Seda y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, ambos creados por China.

La Ruta de la Seda busca ser la sucesora en el siglo XXI de las rutas de comercio que cruzaban el enorme continente eurasiático y en travesías de meses, y tal vez años, fueron el contacto entre dos tierras legendarias una para la otra.

Hace dos mil años los intermediarios fueron los partos (medas); luego los árabes y los turcos.

Ahora es una iniciativa política y económica que puede realzar la influencia china en un continente que en su definición mas amplia tiene 91 países, una superficie de 55 millones de kilómetros cuadrados y una población que ya está en cinco mil millones de personas.

La propuesta china no toca ciertamente a cada uno de esos países, pero sí a una buena parte de ellos y eventualmente puede tener impacto en todos y mas allá.

Baste con ver la lista de países invitados y asistentes a la reunión de dos días, domingo y lunes en Pekín. Los recuentos de prensa china hablan de un centenar de países, incluso una veintena de América Latina. Estuvieron 29 jefes de Estado y de gobierno, entre ellos los presidentes Michelle Bachelet, de Chile, y Mauricio Macri, de Argentina.

Aunque no está en la lista de países con dignatarios asistentes (a nivel ministerial o más), es seguro que la embajada de México estuvo presente. Es un desarrollo que se debe seguir con atención.

 

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