Las cartas, eslabones de amor

Arreola, Rulfo y Sabines, tejieron sus romances a través de cartas amorosas. Qué nostalgia del cartero que con su silbato anunciaba la llegada de una carta de amor

Rubén Martínez Cisneros / Articulista Invitado / Heraldo de México

Tres escritores mexicanos que bajo la sombra de la letra J abrigaron su nombre: Juan José Arreola, Juan Rulfo y Jaime Sabines, tejieron sus romances a través de cartas amorosas.

El autor de El llano en llamas conoció a Clara Angelina Aparicio Reyes hacia 1941, en Guadalajara, Jalisco, y es a partir de 1944 cuando Rulfo emprende la conquista por el amor de Clara.

Las manos de Angelina son la morada de 84 cartas, enviadas entre 1944 y 1950 y publicadas con el título de Cartas a Clara, que editó RM en 2012 y que atestiguan el amor que se funde al contraer nupcias en la ciudad de Guadalajara, el 24 de abril de 1948, en la iglesia de El Carmen.

En octubre de 1944, Rulfo le escribe a Clara: Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre… Clara: corazón, rosa, amor… He aprendido a decir tu nombre mientras duermo.

Los ojos de Clara se posan en la misiva, con fecha de enero de 1945, No puedo dejar pasar un día sin pensar en ti. Ayer soñé que tomaba tu carita entre mis manos y te besaba; el 16 de febrero de 1947 le manifiesta: …lo que yo quisiera es que las tuyas (cartas) me llegaran antes de tiempo y que fueran muchas y abultadas para poder hacer con ellas una almohada blandita y suave.

Con el título de Sara más amarás, palíndromo que Juan José Arreola escribió para Sara, recopila 56 epístolas escritas por el autor de Confabulario a su novia Sarita, como cariñosamente le escribe y con quien se casa el 11 de junio de 1944, en la iglesia de la Santísima Trinidad, en Guadalajara, Jalisco. El libro fue editado por Joaquín Mortiz en 2001.

¡Si vieras qué bello es tu recuerdo! Me gustaría decirte cómo estás, en mi memoria –enero 11 de 1942–Quisiera explicarte cómo vives en mi vida. Cómo te pienso y te sueño.

El 14 de junio de 1942 le expresa: Sara, tu nombre, al designarte, se convierte en la palabra más dulce, porque de ella brota, como un perfume, el recuerdo y la gracia de tu persona.

Yo quiero que tú leas en mis cartas, –31-agosto-1931– no solamente la escritura, sino los sentimientos que me inspiras, esos que yo no sé decir en mis cartas, pero que tú comprendes tan bien. Las cartas que yo te escriba no tienen otro mérito que el de ir dirigidas a ti. Las envidio porque llegan hasta tus manos.

El libro Jaime Sabines Los amorosos Cartas a Chepita, editado por Joaquín Mortiz en 2009, da cuenta de las 104 misivas que el autor de Recuento de poemas envía a Josefa Rodríguez, de 1947 a 1963.

La primera carta de 1947 apunta: ¿Por qué eres tan hermosa? ¿Te acunaron en versos?… ¿Quién te modeló sobre mi corazón, quién te tatuó sobre mis ojos?.

El último día de febrero de 1948, le escribe: En esta rechingada hora de insomnio y de vergüenza estás presente, te necesito, te amo hasta quien sabe dónde, te necesito, te amo hasta quién sabe dónde.

Me acuesto a pensar en ti, –carta fechada el 19 de noviembre de 1949– a desearte, a hablar contigo un montón de cosas. Te tengo en los ojos todo el día, y mi boca necesita estar en ti.

Qué nostalgia del cartero que con su sonido del silbato anunciaba la llegada de una carta de amor.

Por Rubén Martínez Cisneros 

Articulista invitado

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