Centenario

El próximo lunes se cumplirán 100 años del nacimiento de Carlos Arruza, el ciclón de la tauromaquia nacional

Heriberto Murrieta / Columna Espuerta / Opinión El Heraldo

Carlos Ruiz Camino Arruza llegó a este mundo el 17 de febrero de 1920, en la capital de la República Mexicana.

Carlos Arruza fue abanico de recursos, un coloso del toreo, continuador del toreo de poder de Fermín Espinosa Armillita.

Era sobrino del poeta zamorano León Felipe. Recibió la alternativa el 1 de diciembre de 1940, en la plaza de toros El Toreo, de la colonia Condesa.

Triunfó en grande en Barcelona el 25 de julio de 1944 y le cayó una lluvia de contratos que le sirvieron para torear 108 corridas en la temporada española del año siguiente.

Fue precisamente en 1944 cuando conoció y alternó por primera vez con quien sería su rival y amigo, Manuel Rodríguez Manolete. Era el 1 de junio de aquel año en la plaza de Lisboa.

En el patio de cuadrillas del coso portugués, el saludo frío y distante del Monstruo incomodó a Carlos, que pasó más de un año sin dirigirle la palabra al mítico torero cordobés. Pero una vez que el empresario Antonio Algara llegó a México, y alivió las tensiones, surgió una hermandad irrompible entre los dos titanes.

El gran éxito del mexicano en España se debió en buena medida a que, a diferencia de numerosos diestros de la época, no cayó en la tentación de imitar a Manolete. Antes al contrario, el gran contraste entre los estilos de ambos toreros significó un atractivo irresistible para los públicos peninsulares de aquellos tiempos.

Toreó la friolera cantidad de 112 corridas en distintas partes del mundo en aquel inolvidable año de 1945, de las cuales 108 corridas fueron en España, superando la marca de Juan Belmonte, quien había hecho 109 paseíllos, en 1919.

Arruza fue un torero alegre y dinámico, ágil y preciso frente a los toros. Su espíritu fue desenfadado y lúdico. Con las banderillas mostró siempre facultades portentosas. Sin decir agua va, sorpresivamente se cortó la coleta en la Plaza México, el 10 de febrero de 1952. Luego se convertiría en rejoneador y ganadero.

En el año de 1962, en un juzgado en Veracruz, Carlos Arruza cambió su apellido original Ruiz por el de su madre. El maestro fue una importantísima figura histórica que despertó fascinación por su poder sobre los toros.

Hombre temperamental, transmitía seguridad y dominaba ampliamente la escena con los pies atornillados en la arena o moviéndolos, resuelto, al machetear de pitón a pitón para acabar de someterlos en el ocaso de sus faenas. Algunos pasajes de los trasteos recientes del diestro capitalino José Mauricio en la Plaza México han recordado en cierta forma el estilo arrucista.

Fue un estratega sin estratagemas, que no fingía, y se estrechaba con sus enemigos, sin rehuir al reto que representaba el salir a la plaza.

Murió en un accidente automovilístico en la carretera Toluca-México, el 20 de mayo de 1966.

POR HERIBERTO MURRIETA

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