Canibalizar a las Fuerzas Armadas: Error Estratégico

El Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea son instituciones en las que los mexicanos depositan su confianza entera. Punto

Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México
Iñigo Guevara / Analista / Heraldo de México

Desde hace varios años, me dedico a brindar asesoría a ministerios de defensa y fuerzas armadas alrededor del mundo sobre cómo mejorar sus capacidades de defensa y seguridad. Mi labor es analizar y proponer cómo desarrollar o adquirir infraestructura, equipamiento y tecnología.

En prácticamente todo el mundo, la preocupación principal gira en torno a cómo utilizar de manera más eficiente a las fuerzas armadas, para convertirlas en herramientas polivalentes del Estado. Las fuerzas armadas modernas necesitan ser profesionales y flexibles. Es raro el país que aún las emplean de una manera tradicional, es decir, guardadas en sus cuarteles y listas para responder a una invasión convencional.

Las fuerzas armadas modernas son instituciones altamente tecnológicas y capaces de responder a amenazas en múltiples dimensiones.

La guerra actual ha cambiado y ya dejó de ser ciencia ficción: Esto incluye el desarrollo de nanotecnología, vehículos hipersónicos, energía dirigida, drones aéreos, terrestres, navales y submarinos que operan como enjambres, robótica avanzada, radares de tecnología cuántica o electromagnética, celdas de energía combustible, microondas de alto poder y en el centro de todo lo anterior, el desarrollo y aplicación de inteligencia artificial.

La carrera tecnológica, por lo tanto, ya no incluye sólo a las grandes potencias; el desarrollo de la tecnología permite a naciones mucho más pequeñas y menos desarrolladas que México –y también a organizaciones no estatales– llevar a cabo operaciones militares de proyección de poder a grandes distancias en contra de adversarios mucho más grandes es lo que se llama desarrollar capacidades asimétricas.

A mediados de junio, como parte del Show Aéreo de París, Turquía presentó la maqueta de su avión de combate de quinta generación, Brasil e Israel presentaron su propuesta para un avión compacto de alerta aérea temprana que brindara a países con presupuestos limitados, mientras que el grupo rebelde de los hutíes en el Yemen –uno de los países más pobres del mundo árabe– llevaron a cabo un ataque con misiles crucero en contra de una planta de energía saudita –uno de los países más ricos del mundo árabe.

La semana pasada, Guatemala firmó un contrato de 28 millones de dólares en Argentina por aviones nuevos de combate y entrenamiento a reacción para reforzar su espacio aéreo y otro por 12 millones de dólares en Colombia para adquirir un buque de desembarco.

Las operaciones militares asimétricas –entre estados y entre estados y no estados– se llevan a diario en todo tipo de ambientes, desde urbanos hasta submarinos, en el espacio y en el ciberespacio sólo porque no se ve… no quiere decir que no existe una amenaza latente a la población.

El contemplar y comunicar –desde el poder– que México es un estado pacifista y por lo tanto no necesita de fuerzas armadas no sólo es ingenuo y negligente, es irresponsable. Las fronteras, costas espacio aéreo e intereses de un país del tamaño de México no las puede proteger un cuerpo policiaco. El considerar que de ser atacados la defensa del territorio la realizarían todos los mexicanos es una idea obsoleta.

A no ser que esta idea de todos los mexicanos contemple la creación de un modelo de conscripción universal –como Cuba, Corea del Norte, Irán o Israel que hasta el momento no parece ser el caso– ni 129 millones de mexicanos nadando o brincando al mismo tiempo van a detectar y detener a un submarino extranjero o incluso un vuelo ilegal.

El Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea son –por mucho probado y comprobado– las instituciones en las que los mexicanos depositan su confianza entera. Punto. No están compuestas por superhéroes, sino por mexicanos comunes que decidieron dedicar su vida a la defensa de la nación. No eligieron ser policías, ni ser gendarmes, eligieron ser militares. Coincido en que hay una proporción de militares, cuyas funciones de seguridad interior los ubican dentro del rango de acción de la nueva GN, sin embargo, su traspaso debe de ser congruente con la asignación de recursos que permita a las instituciones adquirir medios tecnológicos para subsidiar su desincorporación, de lo contrario, se estará sólo canibalizando a las fuerzas armadas.

Tal parece –hasta ahora– que el énfasis de la administración se basa en el rediseño de la arquitectura institucional de seguridad y no de crear o mejorar las capacidades de estas fuerzas.

Los problemas de seguridad en México no se van a resolver con uniformes nuevos, se necesita continuar creciendo y sumar a sus instituciones, no adelgazarlas o canibalizarlas. México necesita de una Guardia Nacional, Y de un ejército, Y de una policía federal.

Por supuesto necesita también una Marina y una Fuerza Aérea potentes, tecnológicamente avanzadas y capaces de disuadir y contrarrestar a cualquier amenaza, externa, interna y natural. Y ni hablar de la necesidad de un sistema investigación y justicia operante… ¿eso también se ira a canibalizar? Para eso no habrá ni por donde comenzar.

Es preocupante que la atención política este fijada en el posible desmantelamiento y desarticulación de las fuerzas armadas, y no en el desmantelamiento y desarticulación de los carteles y otros grupos criminales.

Por Íñigo Guevara Moyano

*Consultor de la compañía Jane’sen Washington, DC.

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónBueno / Malo / Feo

Bueno, malo y feo