Candidaturas independientes

Han sido un simulacro; un sucedáneo de lo real que únicamente se sostiene en la apariencia para resguardar el statu quo

Candidaturas independientes

 

Entre los saldos que deja el pasado proceso electoral, apenas han merecido atención reciente las candidaturas independientes a la Presidencia de la República. La abrumadora victoria de López Obrador ha operado como tabula rasa, asalta el mañana como si no hubiese ayer.

Sin embargo, en términos democráticos, es más importante la posibilidad de que un ciudadano acceda a la silla presidencial que el candidato de un partido. La experiencia de los independientes es valiosa y necesaria, pero se echa en falta el compromiso sincero del aparato político. Estas elecciones exhiben un México cuyos partidos políticos no aceptan de facto a las candidaturas independientes.

Los cargos de representación ciudadana y de gobierno siguen siendo rehenes de intereses partidistas. Los institutos políticos jugaron con los ciudadanos al consentir la participación de los independientes a sabiendas de que no tenían posibilidad alguna de competir.

Zanahoria y palo como estrategia para preservar un confortable gatopardismo. Las candidaturas independientes han sido un simulacro; un sucedáneo de lo real que únicamente se sostiene en la apariencia; una simulación orientada a resguardar el statu quo a condición de causar la impresión opuesta.

El hecho de que en las boletas aparecieran nombres de candidatos independientes no quiere decir que tuvieran condiciones para disputar el voto a los partidos. Hubo pero no hubo candidatos independientes. Es decir, un simulacro. Después del último proceso, es impostergable debatir no ya la opción legítima de los independientes, sino las condiciones reales que los acompañan para que sean una alternativa seria.

Los partidos políticos impidieron que los independientes se presentaran como opción con mínimas garantías de contender. La argucia expone la trampa.

En la actualidad, los partidos no están concebidos como institutos al servicio de los ciudadanos, sino de sí mismos, pues de otra manera no pondrían reparos en unas candidaturas que surgen para asistir a la sociedad. Resulta inaceptable que el movimiento espontáneo de nuestra sociedad sea suspendido, intervenido por su aparato político, en lugar de impulsarlo y favorecerlo.

Es hora de que los partidos políticos ofrezcan a la sociedad mexicana una apertura del sistema. Pareceurgente revisar la ley electoral para que las candidaturas independientes sean desde hoy alternativas ciertas, reales y competitivas.

DIACRÍTICO: El proceso recién concluido deja a un indiscutible ganador, Andrés Manuel López Obrador. Su capital político puede promover cambios y transformaciones como la devolución al ciudadano de una representación secuestrada por la partitocracia. Es necesario regular la transparencia de los partidos políticos y de los militantes que libremente los apoyan, así como dotar de condiciones eficaces a los candidatos independientes para que compitan en igualdad con los de los partidos..

 

 

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