Cambio de régimen

En México vivimos en un régimen presidencial, en el marco de nuestra forma de gobierno, que es el de una república representativa, democrática, laica y federal

José Encarnación Alfaro Cázares / Articulista invitado / El Heraldo de México
José Encarnación Alfaro Cázares / Articulista invitado / El Heraldo de México

 

La reiterada afirmación del Presidente de la República Andrés Manuel López Obrador en el sentido de que su forma personal de gobernar constituye en sí un cambio de régimen de gobierno en el país, y el surgimiento de una cuarta etapa de la República, no tiene sustento en la ciencia política ni en la teoría del Estado o el derecho constitucional.

Un régimen de gobierno se caracteriza por el modelo de organización constitucional que adopta un Estado, la forma en que se ejerce la soberanía a través de los poderes constituidos, la relación existente entre estos poderes y la forma institucional como se estructura el poder político.

En México vivimos en un régimen presidencial, en el marco de nuestra forma de gobierno, que es el de una república representativa, democrática, laica y federal, conforme a lo que establece el artículo 40 de nuestra Constitución Política.

El régimen presidencial en nuestro país se ha caracterizado, históricamente, por la preeminencia del Poder Ejecutivo sobre los Poderes Legislativo y Judicial.

En este contexto tampoco se debe confundir transición democrática con cambio de régimen; toda vez que en México hemos vivido un largo e inacabado proceso de transición democrática que nos permitió evolucionar de un sistema político de partido hegemónico (PRI), a un sistema de pluralismo político y plena competencia entre partidos; gracias a esa transición democrática, Morena pudo obtener el triunfo electoral que, inesperadamente, reestablece el sistema de partido hegemónico. Pero seguimos en un régimen presidencialista.

Desde la perspectiva de la teoría de la división y el equilibrio de poderes, y en el marco de la clasificación de los sistemas políticos democráticos modernos, los regímenes de gobierno se pueden clasificar en dos tipos: el régimen presidencial y el régimen parlamentario.

En su libro Ingeniería constitucional comparada, Giovanni Sartori hace un análisis detallado de esta clasificación y establece como un régimen alterno al presidencial y al parlamentario el régimen semi-presidencial.

A finales de la segunda década del presente siglo, en México se inició un proceso de análisis y consideraciones sobre la necesidad de construir un nuevo arreglo institucional del régimen presidencial en el contexto de un sistema de partidos políticos múltiple; y es así como se aprueba en 2014 la reforma constitucional que posibilita la integración de un gobierno de coalición, como paso previo para un efectivo cambio de régimen por el que podríamos arribar a la cuarta etapa de la República, en la que todas las fuerzas políticas fueran corresponsables de la conducción del país en un sólido sistema de contrapesos entre poderes.

Pero el resultado electoral de julio de 2018 que nos regresó al sistema de partido hegemónico interrumpió ese importante proceso de cambio de régimen.

Hoy vivimos un nuevo estilo de gobernar, populista y autoritario; pero ninguna de las acciones del presidente López Obrador apunta a la construcción de un nuevo régimen de gobierno ni al perfeccionamiento del régimen presidencial.

Esa es una tarea pendiente que nos corresponde promover a partidos y ciudadanos que creemos en la posibilidad real de construir la República democrática.

 

 

@joseealfaro

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