El 1% que hace la diferencia

Este fondo común sirve para financiar las políticas destinadas a mejorar el nivel de vida de los grupos más vulnerables

Beata Wojna / Columna Editorial / Heraldo de México

Hablar hoy sobre la integración regional no está de moda. En un mundo lleno de confrontación, polarización y extremismos soberanistas, soñar en proyectos ambiciosos de transformación regional se ha vuelto obsoleto. Asimismo, es cierto que las experiencias que conocemos no sirven mucho para alentar el debate.

Por ejemplo, en América Latina hemos presenciado numerosos proyectos que se quedaron en la superficialidad de las declaraciones rimbombantes e instituciones vacías.

Por otra parte, el famoso Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, le hizo tan mala prensa a la integración europea que, en diferentes partes del mundo, en vez de buscar replicar este modelo, se preguntan más bien por la fecha de la desaparición de la UE.

Pese a ello, la idea de la integración regional no está enterrada y en medio de estas turbulencias hay que seguir recalcando el valor que justamente la integración europea ha aportado a los ciudadanos de Europa.

El libre movimiento de bienes, servicios, capital y personas, o sea el derecho de cada individuo a viajar, vivir, establecerse, estudiar, trabajar y hacer negocios libremente en los 27 países europeos, es el principal logro de este proyecto que se originó hace más de seis décadas.

Además, en esta ecuación hay un elemento adicional a resaltar. Se trata de la solidaridad y la visión del futuro que se manifiesta a través del 1% que cada año, cada país miembro, aporta de su renta nacional a la bolsa común, llamada el presupuesto europeo. No es mucho. Son apenas unos 240 euros, es decir 5 mil pesos, por cada ciudadano al año. No obstante, este fondo común sirve para financiar las políticas destinadas mayoritariamente a mejorar el nivel de vida de los grupos más vulnerables y a transformar los países o regiones menos desarrollados, tal como lo pudieron experimentar España, Portugal, Polonia y varios países más durante las últimas décadas de integración.

En la Cumbre Europea que se celebra esta semana en Bruselas, los países miembros discutirán el presupuesto europeo para los próximos siete años, 2021-2027.

En juego está más de un billón de euros, así que no debería sorprender que la confrontación entre diferentes grupos está alcanzando su máxima expresión. De un lado están los defensores de la cohesión; y del otro los que optan por disminuir las aportaciones. Alemania y Francia se sitúan en medio, como los principales contribuyentes al presupuesto, dado el tamaño de sus economías.

Ahora bien, más allá de las complejidades y de los tecnicismos que caracterizan al presupuesto, no cabe duda de que este marco financiero será aprobado demostrando una vez más que con relativamente poco, 1% de la renta nacional bruta de varios países, se puede hacer la diferencia transformando regiones y pueblos enteros.

Es una pena que la UE no tiene la capacidad de comunicar este mensaje con más claridad en otras partes del mundo. Quizás, en algún momento, podría ser nuevamente una inspiración para los demás.

POR BEATA WOJNA

PROFESORA DE RELACIONES INTERNACIONALES TECNOLÓGICO DE MONTERREY

@BEATAWOJNA

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