Borrachitos mexicanos, frente al gatillo legal de Trump

Los conductores ebrios no pueden disputar su deportación en EU como cualquier otra persona

Gardenia Mendoza / Trípode / Heraldo de México

El gobierno de Donald Trump tiene en la mira a los alcohólicos mexicanos indocumentados para catapultar las deportaciones. Y para arrancar su cometido usó a un francotirador legal con fama de antiinmigrante: el fiscal general William Barr, quien a finales de octubre pasado emitió un fallo que impide aspirar a la legalización a quienes han sido condenados en más de dos ocasiones por conducir borrachos.

La reincidencia en el abuso de la copa o el tarro es el talón de Aquiles de los mexicanos en EU. Lo sabe Trump y lo sabe el mundo, porque el gubernamental Instituto Nacional contra el abuso del alcohol y el alcoholismo (NIAAA por sus siglas en inglés) se ha encargado de hacerlo público en estudios. (www.niaaa.nih.gov/publications/brochures-and-fact-sheets/alcohol-and-hispanic-community).

Así que el fallo tiene una dedicatoria especial para los sinpapeles del vecino del sur. Y no para cualquier indocumentado, sino para aquellos que pueden aspirar a iniciar un proceso de regularización por sumar más de 10 años viviendo en ese país, por estar casado con residente o ciudadano o tener hijos menores de 21 años.

En pocas palabras, los conductores ebrios no pueden disputar su deportación como cualquier otra persona. Este tema tiene varios años en los tribunales. En 2016, la Corte Federal de Apelaciones del Noveno Circuito (que cubre los estados de Arizona, California, Idaho, Washington, Montana, Nevada y Oregon), tiró la legislación que equiparaba el alcoholismo con una falla de carácter moral que impide aspirar a la residencia en EU.

En ese tiempo se consideró inconstitucional bajo el argumento de que el padecimiento es una discapacidad; pero el fiscal Barr aprovechó este año otro recurso legal: que el tribunal de inmigración es parte del Poder Ejecutivo, no del Poder Judicial, y dio el zarpazo.

Toca ahora la abstinencia a los indocumentados que aún no tienen condenas por conducir teporochos en medio de una cultura que dista mucho de la sobriedad: alrededor de 90 mil personas mueren en EU por abuso de alcohol.

Según el NIAAA, los hispanos tienen menos probabilidades de beber que los blancos no hispanos. El problema es que una vez que eligen beber no hay quien los detenga en cantidad y en reincidencia. En cifras duras se lee que alrededor de 9.5% de los latinos tendrán dependencia del alcohol en algún momento de sus vidas, en comparación con 13.8% de los blancos. Pero 33% de los primeros que se vuelven dependientes tienen problemas recurrentes o persistentes en comparación con 23% del segundo.

Particularmente, sobre los mexicanos sentencia: que son los más bebedores de todas las nacionalidades sólo detrás de los puertorriqueños; que prefieren la cerveza y el vino: que son quienes más requieren tratamiento por enfermedades del hígado, que las mujeres paisanas están ingiriendo cada vez más y que entre los conductores hispanos son quienes se arriesgan a tomar el coche en estado de ebriedad a pesar de los riesgos de deportación. Temerarios, pues.

POR GARDENIA MENDOZA

*PERIODISTA

ORBE@HERALDODEMEXICO.COM.MX

eadp

 

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