Bochorno

La terrible situación que vive actualmente el Veracruz es una mancha en el futbol mexicano

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Heriberto Murrieta / Columna Espuerta / Opinión El Heraldo

Las múltiples deudas orillaron a los jugadores a no competir en los primeros minutos del partido del viernes pasado contra los Tigres, en el puerto de Veracruz.

A manera de protesta, pidieron a los visitantes tres minutos de insulso peloteo, pero como los felinos sólo quisieron ceder uno, en aquellos momentos cayeron dos goles que a la postre marcaron el rumbo de la enésima derrota veracruzana.

Con los dos equipos ahora sí en liza, el árbitro Fernando Hernández expulsó injustamente a Jesús Dueñas, por haber dado un pisotón accidental a un jugador del Veracruz.

No es el tema que hoy nos ocupa, pero no está de más subrayar nuevamente la ineptitud de los árbitros mexicanos, que ni consultando el VAR toman buenas decisiones.

El del viernes fue un espectáculo bochornoso, del inframundo deportivo, un capítulo más en la larga historia de la tragicomedia y la picaresca del futbol mexicano.

A todo esto, el veterano Carlos Salcido rompió tácitamente con Fidel Kuri, al desmentirlo en la conferencia de prensa posterior al partido con respecto a los meses que realmente adeuda el dueño a los jugadores. Denunció que la situación del equipo femenil es gravísima, al no contar con doctores, privacidad, agua para bañarse y para beber, medicinas y bolsas de hielo. Solidarizarse con sus compañeros es lo menos que Salcido podía hacer.

Gran parte de la culpa de esta situación la tiene la Liga, y por extensión la Federación Mexicana de Futbol, por permitir la práctica antiética y antideportiva de aceptar un pago multimillonario para permanecer en la Primera División, y por permitirle al Veracruz competir en el actual torneo, no obstante que había aceptación de deudas por parte del propietario escualo.

Pagar por permanecer es aberrante y por lo visto, en ese depósito, se le acabó el dinero a Fidel Kuri.

Dicho pago lo inventaron los inmorales dueños del balón para sobreproteger y eternizar franquicias mediocres, evitándoles la vergüenza de caer en la Segunda División como tendría que ser, en consonancia con sus pésimos resultados deportivos.

Antes del Veracruz, los Lobos ya habían desembolsado una fuerte suma para quedarse en el máximo circuito, atentando flagrantemente contra los principios de la benemérita universidad a la que representaban.

También en el caso de los Lobos, pagar por quedarse fue un despropósito y dicho equipo no está más en la Primera División. Tarde o temprano, las cosas caen por su propio peso.

Finalmente, no se puede dejar de mencionar al público, náufrago de esta situación.

Los aficionados pagaron un boleto por ver a su equipo favorito luchar contra el trabuco del norte y no parecen haber sido muy tomados en cuenta que digamos por los jugadores de la desastrada causa porteña.

POR HERIBERTO MURRIETA

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