Bellum omnium contra omnes

Para Hobbes, en el estado de naturaleza se padece una condición de inseguridad perenne

Articulista invitado / Alejandro Echegaray / El Heraldo de México
Articulista invitado / Alejandro Echegaray / El Heraldo de México

¡Ya!, al carajo la delincuencia, fuchi, guácala; es como la corrupción, fuchi, guácala.

Andrés Manuel López Obrador, Presidente de México

La inseguridad es el problema más grave que enfrenta México. De acuerdo a la ENVIPE 2018, 64.5 por ciento de la población mayor a 18 años considera que la inseguridad y la delincuencia es el mayor problema que enfrenta el país. Esta percepción se debe a que se cometen alrededor de 33 millones de delitos al año asociados a más de 25 millones de víctimas.

Para Hobbes, en el estado de naturaleza se padece una condición de inseguridad perenne. Para salir de esta situación, los seres humanos se ven obligados a establecer el Estado como garantía de seguridad colectiva y como la forma más eficaz para evitar la guerra de todos contra todos.

La apelación a la filosofía política hobbesiana puede ayudarnos a explicar la realidad mexicana contemporánea. La violencia se desató precisamente con la erosión del monopolio legítimo de la violencia del Estado (Max Weber dixit), lo que, ineluctablemente, llevó a que muchos mexicanos reingresaran, en ciertas zonas del país, al estado de naturaleza.

Ahora bien, en los 70 existían dos cárteles, el del Golfo y el de Guadalajara. Antes de la administración del presidente Felipe Calderón, el de Guadalajara se había escindido en los cárteles del Pacífico, Juárez y Tijuana; mientras que el del Golfo lo hizo en los grupos delictivos de Los Valencia, Milenio y La Familia Michoacana. Esta atomización transformó el plan de negocios de los cárteles, lo cual tuvo funestas consecuencias para la seguridad ciudadana.

El debilitamiento institucional en las áreas de seguridad pública, aunado a las trabas para el trasiego de estupefacientes a Estados Unidos, provocó una virulenta ofensiva del crimen organizado en contra de los ciudadanos y su patrimonio.

Todo ello convirtió a las Fuerzas Armadas en pilar fundamental de la seguridad pública. Se ha dicho hasta el cansancio que la política de seguridad del gobierno de Felipe Calderón fue un rotundo fracaso, pero ¿qué tan eficiente fue en realidad la estrategia de seguridad puesta en marcha por el calderonismo?

De acuerdo con indicadores fehacientes, en 2007 el número de homicidios intencionales o dolosos cometidos por cada 100 mil habitantes fue el más bajo en México desde 1931, con una tasa de 8.2. A partir de entonces, este número se incrementó hasta llegar, en 2011, a una tasa de 23.9, de donde inició un descenso hasta 17.4 en 2015.

En ese año creció de nuevo hasta llegar, en 2017, a una tasa de 26. Lo que muestran estos datos es que en 2013 hubo un punto de inflexión y que la violencia se recrudeció recientemente.

Ahora bien, para nadie es un secreto que la primera parte de 2019 ha sido el lapso de tiempo más violento registrado en la historia moderna de México.

¿Frente a ese escenario, cuál es la propuesta del presidente López Obrador? De la respuesta a esta pregunta dependerá la seguridad de los mexicanos, que ya no quieren vivir en el estado de naturaleza proclamado por Hobbes.

POR ALEJANDRO ECHEGARAY
POLITÓLOGO

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