Balance de la Cuarta Transformación

Es prematuro saber si la lucha contra la corrupción, la austeridad, los programas sociales, el fortalecimiento de Pemex y la CFE van a dar resultado

Demetrio_Sodi_
Demetrio Sodi / Colaborador / Heraldo de México

Aun cuando es verdaderamente ridículo querer comparar a la Cuarta Transformación que propone López Obrador con las transformaciones que significaron la Independencia, la Reforma o la Revolución, estos 9 meses de gobierno han significado un cambio profundo sobre la forma de gobernar.

Es prematuro saber si la lucha contra la corrupción, la austeridad, los programas sociales, el apoyo al campo, el fortalecimiento de Pemex y la CFE y las inversiones en el sureste van a dar resultado, lo que es un hecho es que son compromisos y programas que le urgían al país. El sexenio de López Obrador empezó con el pie izquierdo al cancelar el aeropuerto de Texcoco, esa decisión creó un clima de desconfianza que le ha costado 9 meses revertir y que es la principal causa de la recesión económica que enfrentamos.

Por mucho que critique a los neoliberales, ha tenido que comerse sus palabras y acercarse cada día más al sector privado para lograr las inversiones que se necesitan para impulsar la economía. Estamos viviendo un caso raro de populismo-neoliberal, con un gobierno preocupado, por encima de todo, en respetar los índices macroeconómicos, como se ve en el proyecto de presupuesto para 2020.

Hay programas que no le están funcionando, como es el de Jóvenes Construyendo el Futuro, en donde se redujo el presupuesto para el próximo año a 26,614 millones de pesos que sólo alcanzan para 600 mil jóvenes y no los 2.3 millones como ha ofrecido. Con los recortes al gasto, se le pasó la mano y están provocando la parálisis o la mala atención, sobre todo, en lo que se refiere al sector Salud. Hay programas, como Sembrando Vida, en donde no se ven en el campo los resultados que dice al haber sembrado 200 mil hectáreas de árboles. Sigue habiendo serias dudas sobre la construcción de la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía.

López Obrador tiene que darse cuenta de que con sus programas sociales y con la inversión pública no va a lograr el crecimiento económico y la creación de empleos que requiere el país y que no basta con capacitar a los jóvenes y darles becas si, cuando salgan, no encuentran trabajo.

Conforme ha avanzado el sexenio, se ha ido perdiendo el miedo a que López Obrador acabe con nuestra democracia, con las instituciones y organismos independientes o que vaya a expropiar ranchos y casas, sigue habiendo, sin embargo, muchas dudas sobre su capacidad para impulsar la economía nacional, sobre el uso electoral a favor de Morena de sus programas sociales y, sobre todo, hay serias dudas sobre si su estrategia para combatir la delincuencia organizada, sin enfrentarla en forma directa, es la adecuada.

Siento que además del problema de la delincuencia, el principal problema que enfrentamos es la división que sigue provocando López Obrador entre los mexicanos, no entre ricos y pobres, sino entre los que lo apoyan en forma incondicional y los que todo lo que hace o dice les parece mal.

POR DEMETRIO SODI

COLABORADOR

@DEMETRIOSODI

edp 

¿Te gustó este contenido?