Autocontrol

A pesar de sus constantes expulsiones, Miguel Herrera se ha ido moderando paulatinamente

Heriberto Murrieta_ APUNTE TAURINO
Heriberto Murrieta / Apunte Taurino / Opinión El Heraldo

Por enésima vez, el llamado Piojo fue expulsado durante el segundo tiempo del partido entre América y Santos, el sábado pasado en la cancha del Estadio Azteca.

Miguel venía de una suspensión y nuevamente ha sido castigado, por lo que aparentemente fue reprendido por Emilio Azcárraga, el dueño del conjunto capitalino.

Si bien es cierto que la esencia guerrera no cambia, Miguel ha dado repetidas muestras de aprendizaje de los errores. Lo siguen expulsando con relativa frecuencia, pero también es verdad que el entrenador hidalguense se ha ido atemperando, demostrando un mayor autocontrol a partir de la dura lección de vida que representó su salida de la Selección Nacional, que significó interrumpir abruptamente un magnífico proyecto deportivo y una importante ganancia económica.

Sería una verdadera lástima que nuevamente su trabajo de excelencia táctica se viera truncado por situaciones que tienen que ver con su manejo de emociones.

Por lo pronto, está obligado a salir campeón con la escuadra amarilla para buscar continuar al frente en el próximo torneo.

GENIAL

El regreso de Javier Aguirre al futbol español revivió e hizo viral un antiguo video donde aparece el timonel en una conferencia de prensa dando una puntual explicación, con pelos y señales, sobre la técnica para mentar la madre.

No puede uno evitar reír al ver su alocución, rebosante de gracejo y desparpajo.

Aguirre se cuece aparte. Tiene una personalidad única y un manejo de la prensa óptimo. Nunca se engancha y sabe cómo disfrutar las conferencias de prensa. En lo deportivo, se le presenta una dura encomienda con un equipo chico, como es el Leganés de la ciudad de Madrid.

IMPORTACIÓN

Antes de la llegada de las barras bravas con sus exclamaciones y ademanes sudamericanos (que no tienen nada que ver con nuestra idiosincrasia), las porras mexicanas eran grupos de apoyo más candorosos y familiares. El mexicanísimo Siquitibún fue remplazado por cánticos argentinos; los torsos encamisados por los pechos descubiertos, y los banderines de fieltro por grandes mantas con leyendas impresas.

Ayer publiqué en Instagram una imagen que corresponde a los años 60, cuando mi equipo jugaba como local en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. Un porrista agita la bandera del Atlante con un gran entusiasmo. Faltaban tres décadas para que una globalización malentendida arribara a las tribunas, desplazando tradiciones y, en algunos casos, perturbando el sano esparcimiento.

Al Aclante le tocaría otro tipo de transición, igualmente dramática: se lo llevaron a la playa a untarse el bronceador del desarraigo.

POR HERIBERTO MURRIETA
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