Atención al secuestro, la importancia de los protocolos

La atención de un delito de alto impacto social como lo es el secuestro tiene como prioridad salvaguardar la vida de una persona

Facundo Rosas /  / Heraldo de México / Columnistas El Heraldo
Facundo Rosas / / Heraldo de México / Columnistas El Heraldo

Tras el secuestro y asesinato de Norberto Ronquillo, estudiante de Mercadotecnia de la Universidad del Pedregal, el pasado 4 de junio, muchos expertos en secuestro, estudiosos del tema, representantes de organizaciones no gubernamentales y las propias autoridades de la Ciudad de México hicieron referencia a los protocolos que debieron aplicarse para evitar el lamentable desenlace y preservar la escena del crimen.

La realidad es que no hay mucha precisión al respecto y los procedimientos aplicados en este tipo de casos aún dependen del estado emocional y los conocimientos que pudieran tener las personas próximas al suceso, trátese de testigos, familiares o amigos, así como las propias autoridades.

Los protocolos existentes hasta ahora son escasos y perfectibles, por lo que es momento de unificarlos a partir de criterios operativos, seguimiento de cámaras de videovigilancia y manejo de crisis y negociación, así como aquellos de orden jurídico, en particular los que contempla el Nuevo Sistema de Justicia Penal, en el cual el papel del primer respondiente es fundamental.

Una pronta revisión histórica establece que los esfuerzos realizados desde 2008 para combatir este delito se tradujeron en la creación de las Unidades Especializadas en el Combate al Secuestro (UECS) en cada entidad federativa y en la naciente Policía Federal, cuyos protocolos, sistemas de información y perfil de sus integrantes fueron homologados.

Sin embargo, los cambios de administración a nivel federal y estatal dificultaron la continuidad tanto en los procedimientos como en la permanencia de su capital humano, el cual, en muchos casos fue cambiado de adscripción o dado de baja.

Coyunturas como la abierta por el secuestro de Norberto Ronquillo podrían ser aprovechadas para actualizar y comunicar a la ciudadanía la naturaleza y el objetivo de dichos protocolos, así como para que las áreas operativas y de investigación dispongan de un referente para actuar de acuerdo a sus atribuciones, lo que evitaría poner en riesgo a las víctimas.

Los lamentables eventos de la semana pasada representan una oportunidad para intensificar las labores de prevención social del delito y atención de las causas, que sin estar relacionadas directamente con el secuestro, inciden en que no haya incentivos para que se cometa, tal como se ha dicho insistentemente en los discursos políticos.

En resumen, la atención de un delito de alto impacto social como lo es el secuestro tiene como prioridad salvaguardar la vida de una persona, por lo que requiere protocolos que delimiten el rol de cada nivel de autoridad, pero sobre todo de que su aplicación se realice con sensibilidad, convicción y sentido común, ya que se trata de una familia que puede perder a uno de sus integrantes.

FACUNDO ROSAS

EX DIRECTOR DE ANÁLISIS TÁCTICO DE LA AFI

EX COMISIONADO DE LA PF

EX SUBSECRETARIO DE PREVENCIÓN Y PARTICIPACIÓN CIUDADANA DE LA SSPF

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