Asia y México


Viví 5 años en Japón, donde estudié mi doctorado y de donde conocí muchos rincones de Asia. A partir de esa experiencia trataré de explicar la región en su perfecta dimensión. Y digo esto porque cuando escucho hablar de Asia en México, regularmente es como una región exótica, distante y extra- ña. De lo fascinante, pasamos a las generalidades que se hacen cuando nos referimos a ella. De lo maravilloso de la cultura japonesa y el arte culinario de ese país (allá difícilmente se come el sushi estilo California), o el crecimiento exponencial de la economía de China, sin entender bien cómo se ha dado esto, o las tradiciones en Corea, donde hay sitios donde se consumen perro o insectos que no se comen en América Latina.

Nuestro marco de referencia es escaso. El cine, arte, o literatura que nos llega es a través de traducciones de literatura, interpretaciones artísticas o modas temporales. Los idiomas asiáticos no ayudan mucho. Salvo algunos especialistas o estudiantes interesados en un puñado de países (China, Corea y Japón, básicamente) hay poco o nulo interés por la región. En el terreno de las instituciones y su cooperación con el área, la situación es similar. No conocemos ni nos ha interesado Asia, esa es la verdad. En su caso, sucede lo mismo. Pero, ¿por qué es importante ese espacio geográfico en el contexto actual de México? Asia es importante por varias razones. Esta columna abordará los complejos escenarios de esa región tan enigmática, hoy de suma importancia para México. Esta ocasión, será sobre un elemento estratégico: las relaciones (políticas) diplomáticas.

Nos hemos percatado que haber puesto todos los huevos en una canasta resultó una estrategia tan arriesgada que vulneró a nuestro país en sus relaciones internacionales. El andamiaje tradicional de nuestra política exterior ha sido la relación con Norteamérica, en concreto Estados Unidos. Nos limitamos a ella y dejamos espacios nuestros, como Centroamérica, el Caribe, y en menor medida, América Latina. Venezuela y Brasil aumentaron su influencia en la región gracias a ello. Mejor ni hablar de Europa, África, Oceanía y Asia. Esta última, a pesar de que México cuenta con buena imagen y relaciones estables con la mayoría de los países de la región.

Resalto dos casos. China, con la que ya hace 40 años se tiene un diálogo político de alto nivel, y Japón, con el cual firmamos el primer Tratado de Amistad y Navegación en términos de igualdad (el primero para este país) en 1888. No lo hemos aprovechado. No operamos con ellos en la Agenda Global ni en la ONU o el G20. De haber reforzado nuestra relación política con esos gobiernos, su respuesta ante la embestida de Trump no hubiera quedado en la tibieza. No apostarán su capital político con un país que sólo los considera socios comerciales (intermedios). Y eso, tiene un gran costo en los apoyos globales ante una eventual estrategia de presión al gobierno de EU por el cambio de política migratoria, el muro o la amenaza del abandono del TLCAN de manera unilateral por parte de ellos. En este escenario, Asia hubiera sido un salvavidas. No fue así.

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Asia es importante por varias razones. Esta columna abordará los complejos escenarios de esa región tan enigmática

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