Rafael Lugo. Dime qué serie ves y te diré quién eres

Cada vez es más frecuente que al menor pretexto salga a la conversación qué serie de televisión estamos viendo


Cada vez es más frecuente que al menor pretexto salga a la conversación qué serie de televisión estamos viendo. Nos gusta recomendar y que nos recomienden producciones que podemos ver a la hora que queramos.

Partiendo de aquella molesta premisa de que somos lo que comemos, también podemos definirnos a partir de lo que consumimos en televisión. Piensa por ejemplo, desde nuestra prejuiciosa manera de ser, qué tipo de gente ve Breaking Bad, los narcotraficantes o los maestros de química frustrados, no precisamente. House of Cards no es exclusiva para los políticos, aunque ciertamente es una obligación de ver para aquellos que pertenecen a esta clase.

Un ejemplo más, Thirteen reasons why, que ha causado todo tipo de comentarios, pues trata de una niña que escribe trece cartas a trece personas diferentes responsabilizándolos de su suicidio. Dirigida a un público joven, que la ve con interés y que le permite pertenecer, entre otras cosas, al grupo de los y las que se atreven siquiera a verlo.

Más allá de los per les de consumo que vamos creando en las plataformas de distribución -netflix, itunes, roku, etcétera, hay alguien para quien es valiosa esa información… corrijo, hay muchos para quienes esa información es importante en la toma de decisiones.

Como sucede en las redes sociales y en los sitios de Internet, ahora en la nueva televisión el tráfico que se genera puede ser clasificado y mapeado en todos sentidos, de manera que otras empresas que se dedican a la mercadotecnia y el análisis de datos pueden vender y comprar este tipo de información para ser más eficientes en sus objetivos comerciales.

Indudablemente la ganancia la obtienen las empresas que utilizan esta información y las que la recaudan y clasifican; sin embargo, sería injusto decir que el espectador o televidente no ha sido, de igual manera, benficiario, así como la industria de la producción audiovisual, que se encontraba supeditada a las grandes cadenas y a sus estrictos formatos comerciales, o a la proliferación de microproducciones macrodistribuidas en redes sociales, con costos y valores de producción menores, que han simplificado o reducido el lenguaje a unos cuantos segundos.

Las actuales plataformas de contenidos audiovisuales han permitido poner a disposición materiales históricos, documentales, educativos, científicos y culturales que no encontraban un espacio en la programación de los canales tradicionales.

Las series de entretenimiento han llegado a ocupar un espacio más gran- de de lo que hoy estamos considerando. Bien podrían constituirse como el mayor canal de influencia de las sociedades modernas, capaces de conmover, culturizar, entretener o evangelizar a un público cada vez más abierto a propuestas diferentes.

Mientras tanto, la televisión tradicional, la que se programa con rigurosos horarios y formatos, cada vez más, tiene sus días contados.

RAFAEL LUGO, ANALISTA Y CONSULTOR EN COMUNICACIÓN

¿Te gustó este contenido?