Armando Alfonzo Jiménez: Atención digna, prioritaria y duradera a los damnificados

Que esta desgracia que hoy padecemos, nos posibilite ver con claridad el México que realmente queremos

En las últimas semanas, México ha sido azotado por múltiples fenómenos de la naturaleza: huracanes, tormentas y sismos. Las consecuencias han sido tremendas: además de pérdidas de vidas, millones de personas en distintos estados de la República se encuentran en situación vulnerable: muchos perdieron su patrimonio, la mayoría tiene temor y se siente intranquila.

En estos tiempos difíciles, lo que menos ocupamos es la trivialización de nuestros problemas. Más allá de que si los partidos políticos encuentran –si realmente lo desean- la ruta jurídica para la entrega parcial de los recursos que forman parte de sus prerrogativas para el año electoral en curso, el Estado mexicano, en primer lugar, debe hacer uso eficaz de los recursos económicos y humanos que tiene contemplados en los distintos fondos para enfrentar los desastres ocurridos. En segundo lugar, es menester que en la discusión y aprobación del ejercicio presupuestal para el 2018, se prevean las partidas correspondientes para apuntalar políticas públicas realmente orientadas a atender, de manera integral y con visión, la problemática que viven los damnificados.

Algunos aspectos que deben ser comprendidos en esas políticas públicas son: censo preciso de los damnificados y qué tipo de afectación sufrieron; alimentación; atención médica; terapia psicológica; educación a los hijos de los damnificado, actividades recreativas; reconstrucción o, en su caso, asignación de vivienda digna y decorosa; revisión periódica y permanente de protección civil a edificios y casas; generación de empleo para quienes lo perdieron o quienes se encuentran en el desempleo, entre otros.

La colaboración de la sociedad civil ha sido indispensable. Su trabajo, su estricta vigilancia y los apoyos que ha dado en especie y en dinero son invaluables. La tarea aún no termina. Será necesario redoblar esfuerzos.

Evitemos la politización de la ayuda a los damnificados. Dividamos tajantemente lo que es la asistencia humanitaria y lo que es el proselitismo de los partidos políticos. Aprovechemos la coyuntura que vivimos para exigir la reducción del gasto público en materia electoral. Asimismo, demandemos que, de una vez por todas, se expida la legislación necesaria  -lo que ya está previsto en nuestra Constitución y que no se ha consolidado en años- para que se sancione con severidad a los servidores públicos que promueven su imagen personal con recursos públicos.

Que esta desgracia que hoy padecemos, nos posibilite ver con claridad el México que realmente queremos. Con plena dignidad y en una auténtica democracia constitucional.

*Constitucionalista 

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