Argentina no es equipo 

¿Quién tiene derecho desde lejos de la presión que exige el futbol, a denostar a uno de los mejores jugadores?

Argentina no es equipo 

 

 

No me atrevería a hablar mal de Lionel Messi. ¿Quién tiene derecho desde un escritorio, lejos de las presiones que exige el futbol en el campo, a denostar a uno de los mejores jugadores que el mundo ha visto? Podría decir incluso que duele ver al 10 de Argentina reducido a una versión irreconocible del jugador del Barcelona, ese que participa en una orquesta divina que toca para él, para que luzca, para hacerlo más grande.

Son muchas las voces que apuntan a que la selección albiceleste es el grupo de amigos de Lio y no un grupo de socios para que el negocio del futbol prospere no sólo en beneficio de Messi, sino del equipo, de una nación entera que tiene años reprochándole lo pecho frío, que siempre queda a deber y que le colgó en la espalda la mochila de la obligación del éxito. Como si ser campeón del mundo fuera cosa de un individuo y no de conjunto.

¿Qué veo cuando Messi viste la albiceleste y se quita la camiseta blaugrana? Veo un jugador huérfano al que se le ofrece un hogar y no le gusta. Que elige a sus padres y a sus hermanos y aún así está insatisfecho, que quiere encontrar en Jorge Sampaoli a un  Pep Guardiola que no hallará nunca. Quiere que todos bailen a su son, pero no sabe dirigir la orquesta. Es un solista sin coro. Messi el que es feliz en el Barcelona. Messi el que es infeliz con la Argentina.

Tengo la impresión de que por su formación en el futbol europeo, Messi no cabe en el esquema del futbol argentino, el que es de guerreros, donde todos juegan para todos y no para uno como Messi está acostumbrado en el Barcelona. Al niño se le ha quitado todo aquello que le estorba y por años tuvo a Iniesta, a Xavi, a Puyol y a todos que lo han arropado, los que han hecho el sacrificio para que Lio se ocupe nada más de ser genial.

Cristiano Ronaldo ha sido señalado como arrogante, egoísta, narcisista. Pero se carga a Portugal al hombre y cumple en el campo, aunque  se sabe solo. Con la selección es un obrero del balón. Suda. Se esfuerza. Messi es como un zombi que espera el esfuerzo de los demás para encargarse nada más –pero nada menos- de firmar los goles. Se da el lujo de fallar al cobrar un penalti. ¿Por qué si tiene una historia de impreciso desde los 11 pasos el balón no se le pone en el pie a alguien más? ¿No es más egoísta La Pulga desde el silencio de su insatisfacción que CR7 que alardea de ser Dios en la cancha?

Y si al futbol apocado de Lionel Messi con la albiceleste le sumamos un equipo desarticulado, un portero como Willy Caballero que le encargaron una labor titánica que lo supera, un Pipita Higuían y un Ángel Di María borrados; un Enzo Pérez que falla una grande…

Diacrítico. Argentina no es Lionel Messi. Messi no debería ser el sol y los otros 10 sus satélites. Ya es tiempo de entenderlo. Messi no es Maradona. No es Pelé.  Es un muchacho que cuando está cómodo enseña su mejor futbol y cuando está insatisfecho se enconcha, es indescifrable. No es un líder. No es el hombre que necesita Argentina para buscar su tercer título mundial.  Messi es de carne y hueso. No es Dios.

 

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