Argelia, el significado de la transición

El principal desafío del país es replantear relaciones legítimas entre los ciudadanos y el Estado

Marta Tawil / Agenda Levantina / Heraldo de México
Marta Tawil / Agenda Levantina / Heraldo de México

El presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, anunció el lunes que no se postulará para un quinto mandato y que no habrá elecciones presidenciales el 18 de abril, por tiempo indefinido. Una conferencia nacional inclusiva e independiente […], que represente equitativamente a la sociedad argelina y las sensibilidades que la atraviesan […] establecerá una fecha soberana para la elección presidencial, en la que Buteflika ya no será candidato. Esa conferencia nacional también supervisará la transición y redactará una nueva constitución, que se someterá a referéndum; desempeñaría simultáneamente los roles de gobierno provisional y asamblea constituyente, y estará presidida por una personalidad nacional independiente elegida por el régimen. Lakhdar Brahimi, ex ministro de Relaciones Exteriores de Argelia y ex enviado especial de la ONU, se plantea presidir dicha conferencia.

Los argelinos lo saben: más que concesión del poder genuina, se trata de una táctica para ganar tiempo, el necesario para encontrar un reemplazo a Buteflika, quien es la piedra angular de un complejo sistema de poder. Por eso no se van de las calles. El 8 de marzo, varios miembros del partido hegemónico, Frente de Liberación Nacional, renunciaron en aparente simpatía con los manifestantes, uno de los primeros signos que comenzaron a formarse dentro de una élite gobernante que no se ve afectada por las corrientes populares. El 11 de marzo, más de mil jueces declararon que no supervisarán la votación si las elecciones continuaban con la participación de Buteflika.

En este país del Norte de África de 40 millones de habitantes, de los cuales cerca del 40% tienen menos de 25 años de edad, se confirma la existencia de una nueva generación de políticos y activistas de la sociedad civil que aspiran a reapropiarse del espacio público y la historia nacional para inventar una nueva. Dos grandes incógnitas, con todo, ensombrecen el panorama. Una es si podrán mantener la presión por más tiempo conservando el carácter diverso, transversal y pacífico de las protestas que se han extendido a todo lo largo y ancho del país. La otra es si la oposición sabrá y podrá elaborar un proyecto coherente alternativo de política interna y política exterior.

Argelia está iniciando un ciclo de reconfiguración nacional, cuyo principal desafío es replantear relaciones legítimas entre los ciudadanos y el Estado. Pilar del mundo socialista y tercermundista desde mediados de la década de 1960 y 1970, este país supo reconvertirse en la escena internacional después de 1989, presentándose como aliado de EU y de Europa, sin por ello renegar de la retórica y las políticas después a la independencia de 1962.

No es imposible que ahora la élite en el poder busque aprovecharse de las redes locales, regionales e internacionales, para esquivar la reforma estructural. Al revuelo de los levantamientos siguieron transiciones con periodos de lento reordenamiento, muchas veces afín al sistema anterior. En un zeitgeist abrumado de discursos y acciones contra la seguridad humana y la democracia, conviene cautela y necesaria madurez.

*Investigadora de El Colmex

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