Aquí nos tocó vivir

No hemos pasado del Imeca y la verificación vehicular, ni establecer un transporte masivo de calidad

Javier_García_Bejos
Javier García Bejos / El Heraldo de México

La gran megalópolis se está convirtiendo en uno de los lugares del planeta más inhóspitos para vivir. Décadas de malas decisiones de planeación y políticas públicas insuficientes o equivocadas nos han arrojado, con la displicencia de todos, a vivir en una nube gris que apenas deja respirar. A ello también hay que sumarle la inseguridad que está pasando del robo a la ejecución y el secuestro; luego de muchos años de gobiernos de izquierda, seguimos sin una visión a futuro de la ciudad. Ella vive como puede y como se deja; sobrevive y ya.

Los últimos días han sido particularmente terribles. La ciudad está brutalmente contaminada, con un nauseabundo olor a quemado, debido a los incendios que nadie puede apagar porque, sencillamente, no hay recursos para hacerlo; resulta que la famosa austeridad nos salió muy cara. No hay protocolos, dice el gobierno, y al final todo es culpa del gran fantasma del pasado que vive permanentemente en nuestra realidad; cada que nos rebasan los problemas, desafortunadamente no hay responsables. Frente a este triste panorama, los ciudadanos han quedado pasmados esperando instrucciones. Sí, los ciudadanos estamos esperando a que nos confirmen que no podemos respirar, para que sigamos haciendo lo de siempre hasta que nos caigamos asfixiados por nuestra indiferencia.

La gente sigue corriendo y caminando; los niños, en el recreo, hay deportes al aire libre y, claro, marchas para no molestar a los dueños de las calles, en la ciudad que está pasando desde hace muchos años por esta permanente contingencia. No hemos podido pasar del Imeca y la verificación vehicular, ni establecer un transporte masivo de calidad. Simplemente no hemos podido desarrollar mejores gasolinas o implementar una logística de movilidad laboral y escolar para evitar la conformación del tráfico que nos ha condenado a vivir a bordo de un automóvil.

La gran Ciudad de México merece mejor aire del que tiene, porque tan solo ayer, respirar nuestro aire equivalía a fumarse 40 cigarros al día. Merecemos un futuro donde tengamos un gran lugar para vivir y en donde podamos transformar la narrativa de ser los maestros del aguante. No podemos seguir con la pasividad que nos convierte en esclavos de las excusas; hay que poner nuestras ganas de caminar en calles limpias y tener más cielos azules. Ya no se vale continuar viviendo con miedo. Si queremos más parques y árboles que grúas de construcción, no podemos tener autoridades que hagan consultas para ver si hay No Circula o no. Es muy simple, los que están para gobernar deben hacerlo, y quienes somos gobernados, debemos entender que la casa que habitamos no se va a arreglar sola. Para apagar incendios, tener mejor gasolina y transporte público de calidad y, sencillamente, vivir mejor, necesitamos mejores gobiernos y ciudadanos exigentes. Si no, sigamos entonces lamentando el gris y contaminado porvenir del lugar en donde nos tocó vivir.

JAVIER GARCÍA BEJOS

COLABORADOR

@JGARCIABEJOS

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