AMLO tiene prisa

La dinámica del Presidente podría resumirse así: voy derecho y no me quito

Alejandro Cacho / Touché / Heraldo de México

El inicio del gobierno del presidente Andrés Manuel López Orador ha sido vertiginoso, sin pausa y con prisa. Desde que tomó las riendas del país, aquella noche del 1 de julio pasado, él y su equipo no han dado respiro. Tomaron decisiones, marcaron líneas, trazaron rutas y provocaron sacudidas sin haber tomado posesión de sus cargos.

Incluso antes de la elección, seguro del triunfo que obtendría, López Obrador comenzó a anunciar a los miembros de su gabinete, quienes tomaron también notoriedad mediática y adquirieron peso político. Cuando sintió el triunfo electoral en la bolsa, comenzó a pedir el voto, ya no para él, sino para los otros candidatos de Morena. Ganó prácticamente todo y comenzó a gobernar. Su primer ‘brazo ejecutor’ fue el Poder Legislativo, dominado por diputados y senadores de Morena, quienes de inmediato comenzaron a cumplir sus órdenes. Ante la mirada de la famélica e inofensiva oposición del PRI, PAN, PRD, etcétera, López Obrador ha hecho lo que ha querido.

Quienes tienen acceso a su círculo cercano aseguran que la dinámica que imprime el Presidente podría resumirse así: voy derecho y no me quito, sin importar qué o quién se atraviese.

El 29 de octubre, aún sin haber protestado el cargo, ordenó la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco. Desapareció al Estado Mayor Presidencial. Abrió la ex residencia oficial de Los Pinos a morbosos recorridos públicos. Mandó a volar, literalmente, al avión presidencial. Anunció la creación de una Guardia Nacional militarizada para atender la seguridad pública del país. Anunció la construcción del Tren Maya y el Tren transístmico. Hizo dos Consultas Ciudadanas violando la Constitución y sin someterse a reglamentación alguna. Ordenó bajar los salarios de los funcionarios públicos. Puso en punto muerto la Reforma Energética. Ordenó dar 75 mil millones de pesos más a Pemex. Puso la primera piedra de la refinería en Dos Bocas, Tabasco. Envió la iniciativa para derogar la Reforma Educativa y ordenó la cancelación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Desdeñó a los mercados nerviosos por sus decisiones. Logró aniquilar la independencia de la Fiscalía General. Podrá nombrar y destituir al Fiscal. Se enfrentó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y a todos los integrantes del Poder Judicial por sus altos salarios. ¡Y aún no cumple 15 días en el cargo!

Expertos aseguran que el objetivo de asumir ese ritmo frenético es lograr que de inmediato se sienta el cambio y cuánto antes se vean los efectos de la Cuarta Transformación. En otras palabras, borrar toda huella de los gobiernos anteriores, salvo aquella que tenga que ver con corrupción, opulencia y privilegios del pasado, claro. La pregunta es si al país le conviene un ritmo así y si sus colaboradores tendrán el talento y las capacidades para aguantarle el paso. Lo veremos con el tiempo.

 

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