¡Empatía!

Es un momento para sumarse a una lucha en la que difícilmente se tolerarán nuevas agresiones a la mujer sin que haya alguien que proteste

Arturo Sánchez Gutiérrez / Decano Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey

Lo dicho: el domingo y el lunes pasados las mujeres ratificaron el triunfo que ya habían tenido desde la convocatoria a la marcha y al paro. Se trató de un momento de inflexión que solamente el que no quería verlo insistía en voltear hacia la rifa fake de un avión.

El movimiento hizo nacer una nueva conciencia que reclama acciones novedosas y políticas públicas innovadoras. Es un momento para sumarse a una lucha en la que difícilmente se tolerarán nuevas agresiones a la mujer, sin que haya alguien que proteste.

Sobre la marcha del domingo se dirán muchas cosas, como la presunta intención de evitar que se llegara al Zócalo, que sólo asistieron 80 mil personas, o que participaron contingentes violentos organizados por diferentes dependencias o grupos de interés.

El anecdotario será amplio y diverso. Lo que no se podrá negar es que asistieron mujeres de todas las edades, de todos los estratos sociales y de todas las ideologías. Los gritos pedían desde justicia ante los feminicidios y desapariciones, hasta reclamos de seguridad para simplemente ser libres de caminar por las calles, sin estar expuestas a todo tipo de ofensas. Entre la multitud detecté a una joven alta que llevaba con sus dos manos un letrero en alto que simplemente pedía: ¡Empatía! Una sola palabra, una sola demanda en el contexto de todos los agravios. Esta joven señaló la necesidad de una verdadera transformación que nos involucra a todos.

Empatía significa la capacidad de ponerse activamente, con voluntad, en los zapatos del otro. Se trataba de acoger, incorporar y compartir los sentimientos que hoy las mujeres no esconden: la furia ante las agresiones, el coraje y la impotencia ante los insultos y la violencia de todos tipos que viven en su cotidianidad. A esa parte del pueblo no lo aglutinó una consigna o un interés político a favor o en contra de nadie. Es la respuesta a una enfermedad añeja de nuestra sociedad que es hora de combatir todos juntos. Son momentos en que se impone la solidaridad y el reconocimiento. Por eso no bastaba la marcha. Era necesario el paro para mantener la elocuencia del domingo con la elocuencia de la ausencia y el silencio del 9.

La pregunta en estos días es: ¿y ahora qué? Por lo pronto, es importante mantener en alto el discurso y las protestas. Todos los días siguen muriendo 10 mujeres y miles de ellas son abusadas y ofendidas. Si se reconoce esta realidad será posible profundizar en las políticas públicas que apunten a los correctivos urgentes. El gobierno no puede ser ajeno a este tipo de problemas, pero se necesita empezar por ser empático con las mujeres. Esa muchacha en la marcha tenía razón en su reclamo. Era necesario olvidar la paranoia que hace creer a los gobernantes que todo está centrado en ellos y que los medios están en su contra.

Era necesario entender el momento histórico que una manifestación de ese tipo significa en estos momentos. Había que sumarse y no distanciarse. En lugar de ello, el Presidente viajó a SLP y las mañaneras siguen insistiendo en la rifa del avión. Es hora de ser empáticos.

POR ARTURO SÁNCHEZ GUTIÉRREZ

DECANO ASOCIADO EN EL TEC DE MONTERREY

@ARTUROSANCHEZG

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