Nosotros, AMLO y el conejo de la chistera

La ciudadanía debe asumir las medidas sanitarias y el Presidente anunciar un efectivo plan de recuperación económica

Verónica Malo Guzmán / Tres en Raya / El Heraldo de México

¡Ahorita lo hago! —frase típica para avisar, de antemano, que eso nunca ocurrirá— heredó su virtud mentirosa a: ¡ahorita me guardo! Culpamos al gobierno por reaccionar a destiempo ante el COVID-19 (¡porque vaya que se pusieron de pechito con su pachorra y lentitud!). Pero en materia de salubridad, bien que mal, algo hicieron.

López-Gatell no lo dijo una vez, lo reiteró tres veces: ¡Quédate en casa! Una parte de la población acató su llamado, otra decidió que era sinónimo de quédate en la pachanga. No pocos se lanzaron a Acapulco, desobedeciendo a la autoridad o a los empresarios que adelantaron el home office (oficina en casa). Total, a mí no me va a dar el coronavirus. Y nos reímos con el meme de la cerveza Corona con un limón picoteada con clavos de especie, supongo que copiando la mención del gobernador de Puebla: Nos salvaremos comiendo mole de guajolote….

La forma en que ha crecido la pandemia en México y en el mundo es exponencial. Ejemplos del mal comportamiento de los ciudadanos sobran. Por la necedad de seguirse reuniendo, tomar todo a chunga y guasa, estamos viendo el azote del contagio en diversos países.

No importó que personalidades dijeran que este tipo de pandemias se da sólo cada 100 años; pareciera que hay muchos que no quieren tener la oportunidad de contarlo a sus nietos. Porque no lo olvidemos, hoy, no importando nuestra edad, nos hemos convertido todos en la generación de la epidemia. Total, es más fácil creer que China miente o que fue un comploj (ya están infectados EU y Rusia, así que ¿fueron los propios chinos?).

Ayudaría dejar de echarle toda la culpa al gobierno (que tiene mucha); está mal creernos un niño que sólo hace caso de lo que le dictan sus dirigentes cuando éstos se imponen por la fuerza. La ciudadanía es tan culpable de las consecuencias como cualquiera de las autoridades.

Bien que mal, tarde y a regañadientes, la población siempre termina por reaccionar y portarse a la altura. Lo hemos visto, por ejemplo, después de los sismos de 1985 y de 2017. Además, todos los centros turísticos y recreativos ya están cerrados, por lo que ya no hay ni razón para salir.

Por ello, la siguiente prueba de fuego (y lo que me dedicaré a analizar en mi siguiente entrega en este espacio) sí recaerá exclusiva y totalmente en la decisión y operación del gobierno. Este domingo, López Obrador anunciará las medidas económicas que implementará su administración para hacer frente y resolver los negativos efectos económicos de la pandemia. O al menos eso es lo que se esperaría.

Si se saca de la manga un plan que nada más no atienda las urgencias económicas de la gente y de las pequeñas y medianas empresas, entonces todo el esfuerzo de la población para acatar medidas sanitarias no habrá servido de nada. Es más, eso colocaría a las consecuencias en materia de salud como un juego de niños, comparado a lo que el gobierno deberá enfrentar para acallar, controlar y responderle a toda una ciudadanía volcada a las calles protestando y reclamando muy violentamente.

POR VERÓNICA MALO GUZMÁN

VERONICAMALOGUZMAN@GMAIL.COM 

@MALOGUZMANVERO

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