AMLO, entre los migrantes y el bolsillo de los mexicanos

El gobierno mexicano no ha querido ser "tercer país seguro"

Gardenia_Mendoza

Hay un momento en la vida en que las personas se encuentran absolutamente solas, y esa fecha le llegó pronto al presidente Andrés Manuel López Obrador en el tema migratorio porque, al parecer, tendrá que decidir entre simular que controla sus fronteras o garantizar un acuerdo comercial que proteja los bolsillos de los mexicanos.

Porque Trump no quita el dedo del renglón desde el año pasado e insiste hasta las últimas horas de 2019 en condicionar la ratificación del T-MEC a que México se convierta en un tercer país seguro, lo que implicaría que los inmigrantes que crucen por aquí no podrían solicitar asilo en EU y serían reenviados para que lo soliciten del lado sur.

Las consecuencias de cancelar o posponer indefinidamente el T-MEC se han previsto: un golpe duro para la economía regional, y para los mexicanos peor; entre marzo de 2018 y febrero de 2019, el superávit de México alcanzó un monto histórico de 14,162 millones de dólares de dinero que se reparte entre empleo y derrama económica.

Si Trump abandona el acuerdo, los tres países volverían a las reglas comerciales previas a 1994, con gravámenes al por mayor y una economía mexicana dependiente de remesas de paisanos, turismo y petróleo en tiempos de energía limpia.

AMLO tendrá que sacar sumas y restas. Para empezar: establecer cuotas sobre el número de refugiados que puede recibir al año como Canadá, con base en sus capacidades de presupuesto y personal para atender como lo merece un perseguido político o una víctima de inseguridad.

El gobierno mexicano no ha querido ser tercer país seguro por razones no reconocidas oficialmente, pero tan obvias que incluso resultaría más sano reconocerlas.

En primer lugar, recibir a los solicitantes de asilo con los procedimientos y estándares dictados por organismos de derechos humanos requiere mucho dinero; por otro lado, es políticamente incorrecto, pues por décadas ha sido expulsor de migrantes, y porque ante la opinión pública daría la imagen de sumisión ante EU.

Peña Nieto administró los flujos. Igual que sus predecesores, agarró algunos migrantes y dejó pasar a otros con los respectivos costos: secuestros, extorsiones, robos, violaciones y corrupción, sobre los que se teclearon historias duramente criticadas por activistas que pusieron sus esperanzas en la izquierda.

A AMLO le pasaron la papa caliente y sólo con tres opciones: cumplir su ley de migración y deportar a todos los indocumentados; seguir los pasos de Calderón y Peña para dejar pasar a unos y agarrar a otros, o aceptar ser un tercer país seguro. Cada opción tiene costos en imagen: de policía, simulador o negociante de toma y daca. Cuestión de escoger. *Periodista

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