AMLO: Divide y venceras

Si en el ring Mohamed Ali danzaba como una bailarina; en la campaña, AMLO fue un concertista de la polarización

Andrés Manuel López Obrador está a un paso de ganar la Presidencia. Le costó 18 años dar forma a una historia que lograra convencer a la mayoría de los mexicanos de confiar en él. Es curioso que su terquedad y el mito que AMLO creó alrededor de sí mismo ––y que todos ayudaron a propalar–, lo tenga a cinco minutos de aterrizar en los Pinos.

Algunas claves de la resurrección del obradorismo:

1.- Arrastre social. Después de perder dos veces la presidencia, AMLO continuó recorriendo todos los municipios. Eso le permitió ser el político más conocido, tener el pulso social en cada momento complicado del país, llevar el discurso más allá de su base social y comprender las causas y orígenes del malestar (y sus potencialidades) desde la cercanía que da la calle.

2.- Discurso. En enero, mientras Anaya y Meade tomaban un descanso de fin de año, López Obrador lanzó en Yucatán el discurso que pronunciaría en la campaña. La corrupción se volvió el corazón de la narrativa obradorista, en un campo repleto de minas: casos documentados y no castigados, y los que aparecerían en el camino. En la campaña. 

3.- Cercanía con la sociedad. Si Peña se aisló en Los Pinos para gobernar, López Obrador se acercó a la sociedad. En sus mítines, además de un mensaje, lo interesante –lo diferente– era un diálogo espontáneo que nacía de la gente, que completaba sus arengas con frases que revelaban más que indignación ante la corrupción política o los excesos de la clase política. El avión presidencial y las pensiones de los ex presidentes fueron dos hitazos.

4.- Divide y vencerás. Si en el ring Mohamed Ali danzaba como una bailarina, en la campaña López Obrador fue un concertista de la polarización. El pulso social le permitió entender cuándo irrumpir para tensar y polarizar. Lo hizo en octubre, cuando soltó que Meade era el candidato de la mafia en el poder, y el alboroto en el gallinero del PRI ya no se aplacó. Lo repitió al enfrentarse a la cúpula del poder empresarial y nunca dejó de alimentar la hoguera del enfrentamiento entre el peñismo y Anaya, que está a punto de destruir una alianza de facto entre el PRI y el PAN, en los últimos cinco gobiernos.

5.- El mito. AMLO difícilmente hubiera logrado consolidar la narrativa de su inevitabilidad, si Slim y los líderes del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios no hubieran aparecido en el escenario de la campaña. Ese momento puede definir la elección. Sin esos instantes, no hubiera hecho clic en el imaginario social una idea loca que, soltada por AMLO, había revoloteado años como una mosca sin rumbo: la teoría de la mafia del poder. 

Es la epifanía de la campaña: el momento en el que los invitados por fin se presentan y se sientan a la mesa. En ese momento, se cocinó el arroz con peje. El plato está servido. A menos que lo atropelle una locomotora.

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