AMLO, administrando expectativas

De un lado, el Presidente que buscará acrecentar su popularidad; del otro, el que asumirá los costos de gobernar

Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México
Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México

AMLO no podrá con todo lo rápido que quisiera, pero el tiempo va en su contra porque las expectativas generadas son muy altas, y podrían rebasarlo.

Ni habrá menos inseguridad por su llegada, tampoco terminarán los feminicidios, se detendrán los asesinatos de periodistas, ni se erradicará la corrupción. La pobreza no se resolverá y las puertas de las universidades no se abrirán de par en par para que millones corran a sus aulas. Cada una de las soluciones a los problemas que arrastramos, requieren tiempo, controles y evaluación.

El Presidente ha comenzado acelerado. No podía ser de otra forma. Es su estilo, es su ritmo, y eso esperan sus seguidores. Pero, en las condiciones actuales, resulta imposible cumplir todo lo prometido. Los 100 puntos de su discurso del sábado en el Zócalo, que son todo menos novedad, pues los hemos escuchado en sus propuestas que desde hace años ha mencionado, tomarán tiempo.

De hecho, en dos de los temas más urgentes, en los que cimentó buena parte de su campaña, hay señales encontradas. Corrupción y combate a la violencia sufrieron un viraje en la transición. Respecto a lo dicho en el proceso electoral, ha dado soluciones que chocan, entre lo prometido y lo aterrizado. El giro es todo menos sorprendente. Seguir la trayectoria del Presidente durante la transición ayuda a entender lo que a simple vista puede resultar contradictorio.

Se trata de administrar expectativas, no dilapidar la popularidad con que llega y tratar de extender la luna de miel. Acelerar en donde están las prioridades y propuestas que encuentran mayor cohesión: programas sociales, construcción de grandes obras (Tren Maya, refinería…), Comisión de la Verdad de Ayotzinapa, desaparición del fuero, revocación de mandato, abrir Los Pinos, deshacerse del avión presidencial… y bajar la velocidad en aquellos que pueden dividir. De un lado, el AMLO que seguirá recargando su popularidad en todo lo que lo llevó a ser el presidente más votado, por el otro, el que deberá tomar decisiones y asumir los costos de gobernar. El primero seguirá en la arenga de los mítines, el otro construye una narrativa de gobierno donde administra expectativas. Uno busca popularidad y acrecentar su bono de llegada, el presidente tratará de aminorar reclamos, curarse en salud y encontrar culpables si las promesas no se aterrizan a la realidad. López Obrador ha construido con tenacidad una narrativa que lo llevó a ganar. No hay un político en México que conecté como él, pero ahora necesitará amoldar ese discurso al ejercicio de gobierno. Nadie dijo que el paso fuera sencillo.

 

OFF THE RECORD
Un no militante, José Ramón Amieva, cierra 21 años de gobiernos perredistas en la CDMX. El PRD terminó desgastado y hundido. Amieva le salvó la cara a una administración apaleada el 1 de julio en la ciudad. Hizo frente a la crisis de agua más pronunciada de la historia, recibió con puertas abiertas a los migrantes, y pasó la estafeta sin sobresaltos a Claudia Sheinbaum, que hoy asume la jefatura de Gobierno.

 

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@mlopezsanmartin

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