Amieva apaga la luz

Le correspondió a un funcionario público no perredista cerrar el ciclo de gobiernos del sol azteca en la capital del país

Esperanza Barajas / Primer Cuadro / Heraldo de México
Esperanza Barajas / Primer Cuadro / Heraldo de México

Todas las áreas del Gobierno de la Ciudad de México están inmersas en el proceso de entrega de cargos y oficinas, para que el miércoles 5 de diciembre ingrese la nueva administración encabezada por Claudia Sheinbaum Pardo.

Concluye un ciclo del perredismo en la capital del país y le toca a José Ramón Amieva cerrar ese proceso.

A Amieva, sin identidad partidista, un servidor público inexperto en la rudeza del terreno político, le tocó sortear en estos últimos ocho meses la operación de la ciudad, incluida la demanda de vivienda de los damnificados; los operativos de las autoridades federales para detener a líderes de cárteles; la suspensión del servicio de agua por las obras en el sistema Cutzamala, más la presión de los grupos políticos.

A pesar de la evidente realidad, Miguel Ángel Mancera negó hasta su último día como jefe de Gobierno que había cárteles en la ciudad. José Ramón Amieva no quiso ocultarlo más, esta diferencia provocó un desencuentro entre los amigos; también le tocó cargar con los compromisos hechos con los sindicatos antes de las elecciones, de que se les crearían plazas, pero no estaba obligado a cumplir. Así, poco a poco, se desmarcó.

El Distrito Federal había sido para la izquierda su bastión, las elecciones de 1997 lo confirmaron en la primera elección de un jefe de Gobierno, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano ganó con holgura esa elección; la vorágine del cambio metió en aprietos a Andrés Manuel López Obrador en 2000, pero se conservó; Marcelo Ebrard Casaubón, sin problemas, ganó en 2006 y dejó muy encaminado todo para el triunfo de Miguel Ángel Mancera en 2012. Todos y cada uno de los jefes de Gobierno que había tenido la ciudad se encargaron de mantener el triunfo en el Distrito Federal, hasta el pasado mes de julio.

Todos los gobernantes y sus interinos reforzaron la estrategia electoral con acciones de gobierno para que el PRD mantuviera el control en la ciudad, con programas sociales, empleo temporal, conclusión de obras para que todo estuviera listo y visible, menos en esta última elección. Amieva, a diferencia de sus antecesores, se hizo a un lado.

Tener que concluir el gobierno de Mancera no era sencillo, menos si se considera el impacto tan fuerte del temblor en la ciudad donde las acciones gubernamentales se diluyeron, el deterioro de los servicios públicos y las denuncias de corrupción marcaron a los personajes de esta administración.

Amieva se encargó de despejar el zócalo para que López Obrador y Sheinbaum festejaran el triunfo la noche del 2 de julio con miles de seguidores; a partir de ese momento, la colaboración con el nuevo gobierno ha sido cercana, al grado que policías de tránsito de la Ciudad de México escoltan al Presidente.

El PRD concluirá su etapa de partido gobernante en la ciudad completamente desfigurado, sin liderazgos, sin ideología, sin base social, por eso le toca a un jefe de Gobierno que es todo menos perredista apagar la luz.

 

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@esbarajas

 

 

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