Ambiente sano, desiderátum del milenio

Los resultados del informe nos sitúan en la disyuntiva de corregir de inmediato la relación del ser humano con la naturaleza

Rodolfo Lara Ponte / Autor en temas de Derechos Humanos / Heraldo de México
Rodolfo Lara Ponte / Autor en temas de Derechos Humanos / Heraldo de México

Cuando se habla de fenómenos como los daños al uso de la tierra y del mar, la sobreexplotación de recursos, los efectos del cambio climático y los de la contaminación, entre otros, existe la idea generalizada, tanto a nivel internacional como en los diversos contextos locales, que se trata de temas de gran trascendencia para la comunidad global.

Pero esa percepción se afirma en una inquietud común cuando se cuenta con estudios del mayor rigor científico y técnico, que revelan el nivel de daño planetario, tal y como lo hace el Informe de la Plataforma Intergubernamental sobre la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos (IPBES) auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas y presentado recientemente.

Los resultados del informe nos sitúan en la disyuntiva de corregir de inmediato la relación del ser humano con la naturaleza o de proseguir una espiral negativa de daños irreversibles. Tal es el valor y la trascendencia del documento.

El estudio sobre biodiversidad y ecosistemas se elaboró durante tres años por parte de un grupo interdisciplinario conformado por más de 450 expertos de 50 países, y en esencia identifica un decrecimiento de todos los indicadores asociados a la naturaleza y ello como consecuencia de las acciones humanas.

Así, por ejemplo, se señala que un millón de especies de los 8 existentes en el planeta están amenazadas de extinción y con una tendencia creciente que en unas cuantas décadas puede avanzar a la totalidad de ellas. En tal sentido, se resalta el valor de la biodiversidad para todos los integrantes de los diferentes ecosistemas, incluido el propio ser humano. De igual manera, el reporte señala otros aspectos que pueden ser afectados, tales como los propios objetivos del desarrollo sostenible planteados por la ONU para el año 2030, los cuales buscan incidir en la pobreza, la salud, el hambre, el acceso al agua, el clima y el desarrollo urbano, etc.

El documento contiene un llamado a transformar los modelos de desarrollo económico imperantes, por aquellos que interrumpan los perjuicios que ha causado la dinámica económica vivida a la fecha. Aquí es precisamente donde la perspectiva de los derechos humanos puede acompañar los urgentes esfuerzos que se tienen que realizar.

Conviene que las acciones a emprender procedan de la premisa de que algunos de los derechos esenciales del ser humano, como son a la vida, a la salud, a la alimentación, al agua y al saneamiento, están directamente vinculados al medio ambiente, y que la protección de los mismos conlleva la preservación ambiental.

Se trata de que gobiernos y ciudadanos participen desde sus propios espacios, haciendo converger tareas en los propósitos antes referidos. En este asunto, la educación juega un papel preponderante en el fortalecimiento de la conciencia social en materia ambiental. Hacia ese desiderátum vital deberán seguir convocándose los esfuerzos.

RODOLFO LARA PONTE

AUTOR EN DERECHOS HUMANOS

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