La estrategia

Los casos de Javier Duarte y Emilio Lozoya tienen muchas cosas en común, mediática y jurídicamente

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¿Qué tienen en común Javier Duarte y Emilio Lozoya? Que en plena crisis por las acusaciones en su contra, en pleno banquillo de los acusados –el primero en los tribunales y el segundo ante la opinión pública- se dan el lujo de sonreír y hasta de hacerse los graciosos.

 

En ambos casos, las gracejadas, la soberbia y la arrogancia, así como la forma en que han respondido jurídicamente no es producto de la casualidad.

 

A los dos les hicieron saber que contaban con un manto de protección desde las más altas esferas del poder por los servicios que en su momento prestaron.

 

Y tan seguros están o estuvieron de ese blindaje que no han tenido empacho en demostrarlo.

 

Duarte lo hizo en su juicio de extradición en Guatemala, el 4 de julio, cuando terminó una audiencia, al lanzar aquella frase que dio mucho de qué hablar:

 

Paciencia, prudencia, verbal continencia… dominio de la ciencia, y presencia o ausencia, según conveniencia.

 

Las reacciones de rechazo fueron por el cinismo que expresaba.

 

El jueves pasado, ocurrió algo similar con Emilio Lozoya, sobre quien pesa la sospecha de haber recibido sobornos por 10 millones de dólares de la empresa Odebrecht.

 

Al ser cuestionado sobre una millonaria mansión en Miami, retó a una periodista y le dijo que, si demostraba que era de su propiedad, se la regalaba.

 

Ambos ejemplos podrían ser anecdóticos, pero más bien comprueban que son parte de la estrategia mediática y jurídica que se armó desde el gobierno federal.

 

Esa estrategia camina por varios carriles:

 

1.- Hacer saber a la opinión pública que no se tolerarán y se sancionarán todos los actos de corrupción que se conozcan e involucren a servidores públicos de todos los niveles.

 

2.- Responder mediáticamente a todos los escándalos a través de las dependencias vinculadas, como la PGR, de Raúl Cervantes, y la Función Pública, de Arely Gómez, en casos como el Paso Exprés, Odebrecht y las acusaciones contra ex gobernadores,

 

3.- Dejar que los acusados se defiendan mediáticamente y jurídicamente, otorgándoles todas las facilidades para que así ocurra.

 

Para ilustrar este último punto hay dos ejemplos:

 

En el caso de Duarte, su esposa, Karime Macías, está prácticamente exonerada y viaja por el mundo, a pesar de todos los señalamientos que existen en su contra, como el que era ella la que ordenaba la creación de empresas fantasma.

 

En cuanto a Lozoya, llama la atención que lo hayan dejado que se presentara como indiciado y no como testigo ante la PGR, porque de esa forma sus abogados podrán conocer el expediente en su contra y armar una mejor defensa.

 

Más claro ni el agua. En la forma y en el fondo a leguas se ve que estos personajes no se mandan ni se mandaron solos. Con todo y que al ex director de Pemex también lo corrieron por incompetente y por el desastre que dejó con proveedores.

 

 

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: Una estrategia ganadora debe incluir la derrota.

 

Columna anterior: Las aberraciones de la reelección

 

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