En el PRI no habrá candidato ciudadano

Quien postule por el PRI, en automático se hace militante / Lista, la estrategia de Anaya / El socavón, símbolo de la tranza

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A diferencia del PRD en la CDMX, con Miguel Ángel Mancera, el PRI no tendrá candidato simpatizante a la Presidencia de la República, porque quien postule con esa figura automáticamente está obligado a afiliarse al tricolor.

Es decir, si José Antonio Meade u otros personajes, que no son militantes, deciden entrar a la carrera presidencial con las siglas del PRI, están obligados a adherirse formalmente en sus filas y cumplir con todas las obligaciones partidarias que eso implica. Ríos de tinta se han escrito sobre los candidatos ciudadanos, sin partido o independientes, pero el debate deja de tener sentido, por lo menos en el caso del Revolucionario Institucional, si uno se asoma al Reglamento para la Elección de Dirigentes y Postulación de Candidatos.

En su artículo 73 establece que los ciudadanos simpatizantes que tengan interés en ser postulados como candidatos a cargos de elección popular por el partido, deberán sujetarse al siguiente procedimiento: …afiliarse al Partido Revolucionario Institucional, desempeñando en forma sistemática y reglamentada las 41 obligaciones partidarias, y gozando los derechos que establecen los Estatutos. El trámite no es voluntario como ocurre en el PRD y Mancera, quien desde que postuló como jefe de gobierno y, hasta la fecha, no es militante del sol azteca. La pregunta ahora es si los que no son priistas están dispuestos a renunciar a su independencia con tal de tomar las riendas.

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En el PAN preparan una estrategia mediática y política para defender a Ricardo Anaya de las acusaciones en su contra. La estrategia está dividida en tres líneas: primero, demostrar, con propiedades y montos, que su familia política no hizo dinero de la noche a la mañana, porque tuvieron negocios antes de conocer al dirigente panista. Segundo, probar que toda la campaña es parte de un linchamiento de Estado: y tercero, acompañarse del Frente Ciudadano por México en las decisiones que se tomen en el Congreso relacionadas con iniciativas pendientes.

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El Paso Exprés de Cuernavaca se ha convertido en la obra emblemática de la negligencia, la tranza y el valemadrismo. Junto con don Juan Mena Ruiz y su hijo Juan, el socavón se tragó, una vez más, la credibilidad de los mexicanos en las instituciones.

Tal y como lo publicamos en este espacio, al socavón le antecede una serie de irregularidades en el Paso Exprés, sobre todo en materia de supervisión, cuya área encargada de contratar a la empresa responsable fue la Dirección General de Desarrollo Carretero, encabezada por Carlos Bussey. Ayer, la Secretaría de la Función Pública, de Arely Gómez, dio a conocer avances en las investigaciones. Falta que le pongan nombre y apellido a los responsables, de lo contrario, el trabajo queda incompleto.

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Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: La corrupción lleva infinitos disfraces.

 

Columna anterior: Fuego amigo en el tricolor

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