El juego de las encuestas de Andrés Manuel

López Obrador importó a la izquierda las costumbres del viejo PRI. Mejoró, según él, el disfraz del dedazo en Morena


El ganador de las encuestas en Iguala esperó dos horas cerca de la camioneta que trasladaba al aspirante presidencial López Obrador, entonces mandamás en el PRD.

Era la primavera de 2012. En su segundo intento por llegar a Los Pinos, Andrés Manuel andaba de gira proselitista en Guerrero y se había subido en un templete a levantarle la mano a un ex vendedor de sombreros y huaraches de un puesto del mercado local que de la noche a la mañana se volvió un hombre importante y millonario: dueño de joyerías, de un imponente centro comercial que ni en sueños creyó tener algún día y patrocinador de campañas políticas.

En la contienda por la candidatura para la presidencia municipal de Iguala, el perredista local Oscar Díaz aventajaba en las encuestas a José Luis Abarca, amigo de Lázaro Mazón, encargado de una botica que se metió en la política y muy pronto escaló grandes alturas hasta convertirse en senador, hombre cercano a López Obrador y su primer operador en Guerrero.

Díaz estaba convencido que si hablaba con Andrés recuperaría la candidatura. El PRD estrenaba como método las encuestas para designar a sus candidatos y Díaz aventajaba por seis puntos a Abarca en encuestas que el propio partido mandó a hacer. Oscar echó papeles de los resultados en un fólder y agregó documentos que relacionaban directamente a Abarca con el cártel de los Beltrán Leyva.

Hay fotos del momento en que Oscar Díaz se acercó a López Obrador. Éste lo escuchó, le dijo que iba a analizar la información que se llevaba. Pero no fue así. Todo terminó muy mal en Iguala dos años después bajo la presidencia municipal de Abarca. Ocurrió uno de los actos más oscuros en la historia nacional: la desaparición de los 43.

La historia viene a cuento porque Morena recurrió al método para designar a sus candidatos en el país. En CDMX se darán a conocer el jueves. Claudia Sheinbaum es sin duda la favorita del dueño de Morena y Andrés se siente calumniado de que hay quienes señalan que usará otra vez su dedito para imponer.

El de Díaz no es el único caso que retrata a Andrés de cuerpo entero. Hay decenas de ejemplos. Reforma publicó el 23 de julio una encuesta que puso a Morena en primer lugar rumbo a 2018. Lo festejó. Es un medio serio, lo alabó.

El sábado el mismo diario cuestionó que nadie, ni morenistas, conocen cuál es la metodología ni quién es la casa encuestadora ni cuántas personas van a participar en la encuesta para elegir candidatos de ese partido. Y el aspirante presidencial en otra nueva confrontación con el diario escribió en su cuenta de Twitter: Hoy como ayer, el Reforma en vez de investigar nos calumnia. ¿Es consigna o de plano es incompatible la objetividad con el conservadurismo?.

Andrés importó a la izquierda las costumbres más tramposas del viejo PRI. Mejoró, según él, el disfraz del dedazo en Morena: oculta el método que pueda exhibir su dedito como lo hizo Oscar Díaz en Iguala.

 

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