El jefe Dante

La polémica por la manera en que los partidos dicen que ayudarán a los damnificados de los terremotos dejó claro quién es el ventrílocuo y quién el muñeco


Por lo menos un par de veces he escrito aquí mismo que Ricardo Anaya es el jefe del Frente Ciudadano por México, pero me equivoqué. La polémica por la manera en que los partidos dicen que ayudarán a los damnificados de los terremotos dejó claro quién es el ventrílocuo y quién el muñeco.

El madruguete que les aplicó Enrique Ochoa Reza, presidente del PRI, para renunciar a las prerrogativas del último trimestre de este año sacó de balance a los líderes del PAN, PRD y MC. Los tomaron por sorpresa y reaccionaron a bote pronto sin calcular las repercusiones. Ricardo Anaya habló primero y anunció renunciaría al 50% del financiamiento público. Obviamente, no lo consultó con nadie en su partido. Además pidió reducir salarios de los altos funcionarios, quitarles el seguro de gastos médicos mayores, viáticos, gasolina y más.

Para reducir el golpe mediático que les asestó el PRI, Dante Delgado tripuló a Alejandra Barrales y a Ricardo Anaya para que aceptaran sumarse a la vieja propuesta de Movimiento Ciudadano de eliminar el 100% del financiamiento público a los partidos políticos. Sentó en su regazo a Ricardo Anaya, le metió la mano por la espalda aprovechando su imagen fresca y su discurso enfático, retó al PRI a renunciar al financiamiento público. Tal vez pensaron que lograrían atemorizar a Ochoa, quien de inmediato les tomó la palabra. Ambos aceleraron a fondo sus motores para emprender una carrera de frente para ver quién era el primero en dar el volantazo.

A las bravuconadas iniciales siguió la mesura. Bueno, sí. Sí vamos a donar nuestras prerrogativas a los damnificados, pero insistimos en recortar el gasto de los altos funcionarios del gobierno. Además, renunciaremos al cien por ciento de los spots en radio y televisión que, por cierto, son gratis y obligatorios. Pero, no devolveremos el dinero al gobierno, porque no confiamos en la Secretaria de Hacienda.

Morena y el Frente Ciudadano por México decidieron lo mismo: que el dinero sea manejado por un grupo de notables sin pasar por las manos del gobierno. El pequeño detalle es que hacerlo así sería ilegal, porque el dinero que reciben los partidos tiene un propósito específico y solo se puede usar para eso.

En el PAN, Anaya decidió -otra vez sin consultarle nadie- el despido masivo del 90% de los trabajadores por honorarios y del 50% de los trabajadores de base. Eliminar los salarios de la cúpula partidista, cancelar línea de telefonía celular y los seguros de vida y gastos médicos mayores. Informó que ya se depositaron 50 millones de pesos en una cuenta bancaria. Lo que no dice es de dónde sacaron ese dinero, ni a nombre de quién está la cuenta, ni quiénes podrán disponer de esos recursos.

Entre la simulación y la raja política los partidos están tratando de salir lo mejor librados posible del reclamo social por las enormes cantidades de dinero público que reciben. Voces expertas dicen que no es una buena idea eliminar el financiamiento público de los partidos políticos, aunque sí se podría aplicar un profundo recorte.

 

Columna anterior: El miedo sigue 

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónRealidad política definirá futuro

Realidad política definirá futuro