Alejandra Martínez: Khashoggi, una bomba diplomática

Aunque Arabia informó que el deceso ocurrió tras una "riña", en Turquía se han filtrado macabros detalles

Alejandra Martínez / Coeditora Orbe / EL HERALDO DE MÉXICO

Horror en el primer mundo ha causado el asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi, crítico del príncipe heredero Mohammed bin Salman.

El caso es una bomba diplomática a punto de estallar. El escándalo se debe principalmente a tres factores: contra quién ocurrió, en dónde ocurrió, y hacia quién apuntan las sospechas.

Se trata de un crimen contra la libertad de expresión, hacia un periodista ampliamente conocido; el asesinato ocurrió en instalaciones de su país en territorio extranjero, y las pruebas de las autoridades turcas apuntan al príncipe heredero como autor intelectual.

Mohammed bin Salman había construido una imagen positiva en occidente como el príncipe modernizador, al impulsar mayor inclusión de la mujer. Ahora, esa reputación se desmorona.

Khashoggi había llamado a reformas democráticas en Arabia y condenó el apoyo del régimen a la guerra en Yemen, donde hay una hambruna sin precedentes a consecuencia del conflicto.

En 2017, se autoexilió en EU, donde colaboraba con The Washington Post, y comenzó a tener notoriedad al ser consultado en televisión sobre la situación en Oriente.

El 2 de octubre pasado, Khashoggi acudió al consulado de Arabia Saudita en Estambul por unos documentos para casarse con su novia turca Hatice Cengiz.

Antes de ingresar al inmueble, él le entregó sus celulares y le dijo que si no salía pidiera ayuda. Ella lo esperó 11 horas, y no se supo más de él.

Ese mismo día, un avión con 15 sauditas cercanos al príncipe aterrizó en Estambul. Según las pesquisas, asesinaron a Khashoggi y volvieron al reino en unas horas.

Aunque Arabia informó ayer que el deceso ocurrió durante una pelea en el consulado, en Turquía se han filtrado reportes con macabros detalles del homicidio: al periodista le cortaron los dedos, lo drogaron, comenzaron a destazarlo aún vivo y finalmente lo degollaron.

La crudeza del crimen ha sido comparada con las escenas violentas de las películas de Quentin Tarantino.

Entre los ejecutores se identificó a Salah Tabiqi, presidente de la compañía saudita de Patología Forense, quien recomendó a sus cómplices usar audífonos y escuchar música para hacer el desmembramiento más llevadero.

Pese a las evidencias, Trump sólo ha hecho algunas amenazas al aire; ha reconocido que no desea distanciarse de Arabia Saudita, su principal aliado en Oriente Medio, que le provee petróleo y le ayuda a combatir al terrorismo.

Para calmar las aguas, el estadounidense envió a su secretario de Estado, Mike Pompeo, a Riad para conversar sobre el caso; casualmente, ahí recibió un pago de 100 mdd para apoyar las acciones de EU en Siria.

Para Trump los derechos humanos no son prioridad, (separó a miles de niños de sus padres en la frontera), y Arabia es un aliado y comprador tremendo.

Ahora corresponde a la comunidad internacional buscar justicia para Jamal Khashoggi.

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