Alas en los pies

Entre la pisada del primer hombre que caminó erguido sobre la Tierra y el primer paso en la Luna de Neil Armstrong, desfilaron miles de años de civilización


Pero en esos dos momentos hay un común denominador; en el acto biomecánico de avanzar con sus pies, el ser humano ha definido ruta y esencia de su naturaleza y su misión en este mundo: avanzar y trascender.

Por eso, al pisar, el hombre realiza una de sus acciones vitales más importantes que igual lo ponen en movimiento, que lo ayuda a alcanzar sus metas. Desde tiempos inmemoriales, los pies fueron una forma de evolución que le otorgó al humano ventajas sobre otras especies. La diferencia con los animales se remarcó gracias a los pies. Su morfología, su fisiología y su uso, agrandó la lejanía entre el animal y el homo sapiens.

Basta mirar la historia de la humanidad para entender la importancia de los pies y su pisada. Platón decía que los pies tenían un significado especial. Aseguraba que eran la mejor herramienta para conquistar el mundo, tanto que no consideraba necesaria ningún tipo de maquinaria para desplazarse por la tierra.

El pie es un prodigio de la arquitectura humana. Sus 26 huesos disponen de 33 articulaciones que permiten la movilidad. Los huesos soportan un complejo conjunto de 100 músculos, ligamentos y tendones. A esta estructura biomecánica se añade una gran cantidad de receptores sensoriales.

Tantos, que en la cultura china se creó la reflexología como una ciencia que sana, desde los pies, dolores y afecciones de cualquier órgano del cuerpo. Cada civilización tiene su propia visión de los pies no sólo como una parte del cuerpo, sino como instrumentos de supervivencia y cultura. Los rarámuris, por ejemplo, sí sobrevivieron a la conquista española, como pocas etnias del norte de México, no fue por sus habilidades bélicas. Lo que los puso a salvo de ser conquistados y arrasados fue su habilidad de correr, que les permitió escapar, internarse en las profundidades de la sierra y mantener viva su milenaria cultura.

Ahí, en la Sierra Tarahumara, de madrugada y con un frío que cala y se mete por los huesos, los niños rarámuris corren y juegan a la pelota para sobreponerse al frío. De esta manera desde pequeños fortalecen sus pies con el rarájipari, el juego de carreras con pelota rarámuri.

Correr está en su ADN, es su manera de responder a los ataques, primero de los conquistadores, más tarde por las incursiones de Pancho Villa y en la actualidad de narcotraficantes y taladores que invaden sus tierras y los acosan.

Los rarámuris ponen tierra de por medio y entre más rápido y más lejos, mejor. El poder está en sus pies.

El mismo poder que tenemos todos, pero al que a veces renunciamos o reprimimos al perder conciencia del valor de nuestros pies y nuestra pisada para movernos y avanzar hacia nuestros objetivos ¿Y tú, cuándo pondrás en movimiento el poder de tus pies?

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