Al César lo que es del César…

Trump ha estado en una racha particular desde Semana Santa, atacando a gobiernos extranjeros

Al César lo que es del César…

De creer a la prensa estadounidense, Donald Trump parece haber convertido la Presidencia de Estados Unidos en un nuevo asunto imperial, donde un César desatado sacude a su país, el más poderoso del mundo, a su capricho personal.

La preocupación sale de la aparente falta de lo que The Washington Post definió como estabilizadores, o sea consejeros que lo ayuden a moderar sus instintos.

De hecho, lleva ya más de 20 cambios entre sus colaboradores de mayor nivel, incluso dos jefes de asesores, Consejeros de Seguridad Nacional, tres portavoces, y al menos cuatro secretarios –Estado, Seguridad Nacional, Salud y Veteranos–.

Algunos han consignado lo que definen como caos en la Casa Blanca, alimentado por un presidente Trump que actúa sin supervisión de adultos mientras elementos de los que se afirmaba introducían un grado de certidumbre –como el general retirado John Kelly, jefe de asesores–, parecen haber perdido influencia sobre el mandatario que ha sido calificado hasta como veleidoso, errático y aislado.

Trump parece cada vez más dedicado a manejar su gobierno de la misma forma rápida y brutal que manejó sus empresas de bienes raíces y de marca personales.

El año pasado, las diatribas de Trump en Twitter solían ser una ocurrencia semanal. Ahora parecen venir todos los días. Trump ha estado en una racha particular desde Semana Santa, atacando a gobiernos extranjeros, opositores domésticos, inmigrantes, minoristas en línea y, por supuesto, a los principales medios de comunicación, consignó el periódico.

Pero no son los únicos. La preocupación parece presente en textos y conversaciones de un país cada vez más acostumbrado a un ejecutivo fuerte y un Congreso inoperante.

De migración a alta tecnología, de una guerra comercial con China a sus ataques a los medios informativos tradicionales, las actitudes y las acciones del mandatario estadounidense han parado de cabeza a sus interlocutores dentro y fuera del gobierno, dentro y fuera del país.

El impacto es considerable. Tanto que algunos temen se refleje de forma negativa en la economía estadounidense.
Mike Allen y Jim VandeHei, de la revista política electrónica AXIOS, señalaron por ejemplo que hemos alcanzado la volatilidad máxima en los mercados y la política debido a los cambios de humor de Trump. La volatilidad está garantizada, porque Trump está más aislado y más seguro de sí mismo que nunca.

El analista económico Dan Primack indicó que los inversionistas más cautos, rebasados los últimos años por el optimismo en los mercados de valores en continua alza, ahora esperan que las tendencias negativas se fortalezcan, particularmente después del próximo mes, cuando la actual expansión económica se convierta oficialmente en la segunda más larga en la historia de Estados Unidos.
Pero las políticas de Trump pueden terminarla.

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